Por Karen Abello
No sé si tiene que ver con la crianza que recibí o lo protegida que siempre he estado por mi papá que, aunque suene un poco machista de mi parte, generalmente he pensado que para iniciar una relación o un coqueteo, el hombre debe ser quien dé el primer paso; sin embargo, hace muchos años me decidí a “insinuarle” a alguien que me atraía, recibiendo sólo una gran carcajada por respuesta (no es literal, pero así lo sentí).
Lo anterior, me permitió confirmar mi hipótesis de que nosotras nunca debemos decir nada de lo que sentimos hasta ver un ligero “bien pueda” por parte del susodicho… ¿me equivoco? Seguro más de uno me va a decir que sí, pero es algo que tiene mucho que ver con cómo te sientes y lo que los hombres nos proyectan.
Hoy, después de varios años siguiendo al pie de la letra esa ridícula hipótesis “confirmada” por mí cuando aún era una adolescente, y de darme cuenta, con la experiencia que puedo tener, de que no es cierta, creo que es hora de volverlo a intentar y tomar la iniciativa.
¿Por qué lo digo? Hay varias razones:
1. No tiene nada de malo que una mujer diga lo que siente. Nosotras también queremos, también nos antojamos, también sentimos deseos, no somos de palo y los hombres no son los únicos con derecho a llevar las riendas de algo.
2. Cuando esperas tanto, a veces lo que haces es alejar. Si ellos no se deciden es posible que la razón sea porque nosotras mandamos señales equivocadas y lo que hacen es entender todo lo contrario a lo que queremos. Recuerdo que alguien por quien moría una vez me dijo que nos cuadráramos y yo hecha la “inteligente”, lo único que hice fue nunca responder y hacer caso omiso a su propuesta. ¡Ja! más arrepentida para dónde. Se alejó y poco tiempo después encontró en otra lo que yo no le di L
3. Siento que a ellos también les gusta ser conquistados. Un almuerzo preparado por nosotras, una que otra palabra bonita, quizá un chocolate o cualquier cosa que se nos ocurra que les puede gustar, los hacen que, por lo menos, se tomen unos minutos del día pensando en nosotras. Que levante la mano el caballero que opine lo contrario.
En resumen, lo más importante aquí es tomar la decisión de hacerlo, tener seguridad en nosotras mismas, en lo que queremos, en eso que perseguimos. Decirle a alguien lo que sentimos no tiene porqué significar que somos unas lanzadas (aunque no falta, no falta). Es cuestión de estilos.
A lo mejor no lo vaya a hacer ya, a lo mejor sólo siga mandando señales de humo o tweets al aire (que viene siendo lo mismo) para que #aquiencorresponda, en algún momento, entienda que hablo con él, pero, por lo menos, ya me di cuenta de que no necesito que me digan algo tan directamente como para entender que hay un chance y que lo único que necesito es quererlo. #Hedicho.
N. de la R.
El anterior texto fue escrito en exclusiva para el especial de aniversario de nuestro blog. Lo expuesto en él no compromete la línea editorial de ‘El hijo de Yaneth’.
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viernes, 16 de julio de 2010
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