jueves 2 de septiembre de 2010

Petronea mami, petronea

Es el colmo. En esta ciudad se perdió la poca cultura que nos quedaba. ¿Cómo es posible que uno va al Festival de Música del Pacifico Petronio Álvarez –evento cultural llevado a cabo hace poco- y los vendedores no hacen más que gritarle a uno obscenidades?

No sé como habrá sido con los demás asistentes, pero a mí me trataron de una manera inaceptable, fue tenaz: al comienzo me requisaron de una forma sospechosa, hasta ahí nada grave, pero más adelante, después de que pasé la primera requisa, los vendedores comenzaron a decirme arrechón.

-Arrechón, arrechón –gritaban a medida que pasábamos por su lado

La primera requisa fue para ingresar tan solo al parqueadero, de ahí tuvimos que caminar como 200 metros más para poder hacer la fila e ingresar así a la plaza de toros como tal.

Esos 200 metros fueron tétricos: no es fácil ir con tu grupo de amigos de la universidad a equis lugar y que personas desconocidas te tilden de arrecho.

-Arrechón, arrechón –decía el uno, gritaba el otro.

Era insoportable, de verdad ¿no les ha pasado que están en un sitio y de buenas a primeras te acusan de algo que no son? Esta bien, lo acepto -y de hecho lo he dicho en pasadas ocasiones-: como todo hombre, yo también le miro el culo y las tetas a las viejas –no a las amigas de mi abuela que pertenecen al grupo de oración de la iglesia de aquí a la vuelta, no; sino a las mujeres llamativas, con gracias, de esas que si vale la pena morbosear-. Porque eso sí, todos tenemos nuestro lado oscuro -excepto Michael Jackson porque al pobre morocho le dio vitíligo, pero eso es tema aparte-.

Todos tenemos nuestro lado sucio, decía, pero de ahí a que uno se la pase arrecho todo el tiempo como trataban de suponer los vendedores de ese día, hay mucho trecho. Yo no soy de los que anda buscando mujeres a la lata para ver cual cae, el de esas es mi amigo Camilo José. Espero que les haya quedado claro, por eso me parecía una infamia que esa gente se refiriera a mí como “El Arrechón”.

Fue entonces, a falta de 100 metros aproximadamente, que se me ocurrió separarme del grupo, es decir, yo iba como 4 mujeres y 3 hombres más y era muy factible que “El Arrechón” no fuera yo, sino que se tratase de alguno de mis otros compañeros.

-Ya los alcanzo –les dije- me pareció ver a una amiga por allá donde está la pantalla y quiero ir a saludarla, sigan sin mí que yo ya llego

Me hice el huevón –cosa que hago a la perfección- y me fui en busca de la supuesta amiga dirigiéndome hacia una pantalla gigante que estaba en el sentido contrario.

Pero no, al andar solo lo único que hice fue confirmar que el tal “Arrechón” si era yo. Primero se acercó una señora y me dijo arrechón, después fue un señor y me llamó de igual manera. Yo no iba a resistir que me volvieron a decir así, ya había tomado la decisión de enfrentar al próximo que se dirigiera a mí con esas palabras.

-¡Juliáncho! –escuché una voz que me llamaba

-Que hubo, parce ¿qué más? –se trataba de un amigo de la universidad. Amigo entre comillas, era uno de esos bobitos que como uno les alza la ceja medio saludándolos ya se creen son súper amigos de la infancia

-Bien, bien, por acá faranduleando un poco ¿y vos? – “faranduleando un poco” ¡imagínense! Estos serán nuestros futuros dirigentes, personas que van a “farandulear” a un festival como el Petronio Álvarez

-Nada, vine con otros de la U, por allá esta Cami, Mopi, Marce, Isa, Lucho, Juan Pablo y mechu

-¿Ve, y a vos no es que no te gustaba esto?

-De hecho no me gusta

-¿Entonces qué haces por acá?

-A diferencia de vos, yo no vine a “farandulear”, vine porque tengo que hacer un trabajo sobre esto y por ahí derecho me sacó una croniquita para el blog

-¿Derecho? ¿Derecho donde? ¿Allá donde venden el Arrechón?

- Ah, parce ¿usted también me va a decir Arrechón? ¿Qué le pasa, marica? De vos si no me la voy a dejar montar –le dije en tono aleteado, me dije que no iba a permitir que me volvieran a decir así

-Cálmese, huevón ¿Qué le pasa?

-Hacete el pendejo –le dije con palabras ya subidas de tono- vos estas confabulado con estos negros que desde que llegué no han parado de decirme Arrechón

-No, no, no ¿Cómo se le ocurre? –a pesar de todo mi compañero aun permanecía calmado- lo que pasa es que aquí venden una bebida típica del pacifico que se llama Arrechón, es lo único que se toma en el Petronio. Aquí no vas a conseguir aguardiente ni nada de eso, solo Arrechón, Viche o Tumbacatres.

-Ah, veo. Déjame a ver si entiendo, cuando las oscuritas se acercaban diciendo Arrechón, no era que se estuvieran refiriéndose a mí así, sino que me estaban ofreciendo aquella bebida

-Exactamente –respondió

-Menos mal me aclaró, parce, yo estaba dispuesto a sacar el Rodrigo Lara que llevo adentro e irme a los golpes con el próximo que me dijera Arrechón

-jajaja no, no, fresco, igual usted no sabía que existía una bebida con ese nombre

-Jamás se me hubiese ocurrido, ese nombre seguro se lo inventó Marbelle –le dije mientras contenía la risa- menos mal no tuve que irme a los golpes: mi mamá solo me dio para irme en MIO –el man no entendió el chascarrillo.

Luego de la aclaración acerca de quien o que era el dichoso Arrechón ese, me fui a encontrarme de nuevo con mis amigos, quienes desde hacía rato habían ingresado a la plaza.

A mi me tocó pasar por otra exhaustiva y sospechosa requisa –digo sospechosa porque en serio, los requisosos esos tantean muy cerca de las partes nobles y, guiándome por sus caras, no parece molestarle-.

Por fin pude ubicar en que sitio se encontraban mis amigos y al llegar, lo primero que hice fue sacar mi libreta de apuntes.

-Ay Juli ¿Qué estás haciendo? –Me preguntó una amiga- guarda esa cosa

-¿como se te ocurre, no ves que de aquí quiero sacar una publicación? –Le dije- tengo que apuntar, después se me olvidan las cosas. Por ejemplo: como no destacar la particular forma de bailar de ese negro

-¿Cuál negro?

-Ese de ahí –le señalé con la cumbamba

-A ver, Juli, el 90% de toda la gente que hay aquí es afrodescendiente

-ese, ese de ahí, el de la camiseta amarilla –hubieran visto ese contraste- míralo como baila de chistoso. Aunque ven, pensándolo bien ¿Qué tal que no esté bailando? ¿Qué tal que le haya dado un ataque epiléptico? ¡Llamen a una ambulancia!

-Ay Juli, tu si no –me hizo mala cara y luego sentenció:- vos viniste aquí fue a criticar

-Eh, ni que no me conocieras –traté de defenderme

-¡Por eso es que lo digo!

Luego pasaron algunos minutos, o segundos, u horas, días, no sé, milenios tal vez. Me sentía más perdido que Amando Benedetti dando cátedra de ortografía, definitivamente ese no era mi lugar.

Ustedes dirán: bueno ¿y este idiota entonces a que carajos fue? Déjeme decirles que, primero, el “idiota” sobra; y segundo, que arriba dije que había ido porque en la U me pusieron a escribir una crónica sobre el Petronio; y si no lo dije, si tal vez se me pasó, no es más que otra evidencia de efectivamente si soy idiota y usted, estimado lector, tiene todo el derecho de decirme así por no haberle contextualizado desde el principio.

Pero sigamos, decía que me sentía más perdido que los hijos de Ricky Martin el día de la madre, también decía que ese no era mi lugar. Por un lado, la música no es indispensable en mi vida, que me gusta bailarla en la fiestas, obvio; que pongo Tropicana mientras hago el oficio, sí; pero si me dan a escoger, me quedo mil veces con los libros, con la televisión o incluso con la radio, pero no oyendo canciones sino escuchando programas como La Luciérnaga.

Se hacía tarde y yo no tenía nada bueno para contar: las graderías no se querían caer, los borrachos no habían llevado las pistolas ese día y no estaban voleándole plomo al aire, y por más que recé para que lloviera nadie salió emparamado, al menos no por una eventual lluvia, porque si de empaparse se trata, más de uno salió envuelto de una baño de sudor impresionante.

Solo me quedaba la esperanza de que El Arrechón le hiciera un rápido efecto a la monita que tenia atrás para que ella se me insinuara y que tales… pero ni eso.

Desmotivado por las circunstancias me prometí a mi mismo que dos canciones más y me iba. En esas vi que se acercaba una periodista del el País, detrás de ella venia el camarógrafo y el ayudante de este. La periodista tenía una pinta como Andrea Echeverri, pero bonita y no venia hacia mí –como en algún momento ilusamente pensé- sino que siguió derecho, como tres filas más arriba y se puso a entrevistar a un man.

El man era un pelado de cómo de 20 años, de esos que hacen todo lo posible para parecer un chico play, trigueño, medio rechoncho y se notaba a leguas que había ido al Petronio porque estaba de moda «porque el que no vaya es un pato».

El hombre bailaba como si fuera reggaetón. Lo juro. Lo vi con estos ojos que se han de desgastar rápido por mis lecturas nocturnas. El man cogió por detrás a la vieja con la que fue al son de un ritmo que solo él escuchaba en ese momento comenzó a moverse «a la one, a la two, a la one, two, three; a la izquier, a la dere, perrea mami perrea»

A la vieja de El País le pareció graciosísimo y sarcásticamente le dijo que se movía muy bien, que si no le gustaría contestarle unas preguntas. El man le dijo que si y comenzaron:

-Bueno, cuéntame cómo es el ambiente en el festival Petronio Álvarez

-Mira, estoy es pura cultura, pura raza, pura cultura, pura raza, pura cultura –decía el hombre, quien de un momento a otro se convirtió en disco rayado, el disco siempre había bailado durante el Petronio- ¿Qué más te puedo decir? Esto es pura cultura, pura raza, pura cultura, pura raza ¿si me entendes? Pura cultura, pura raza –así siguió durante unos segundos mientras levantaba el pulgar de la mano derecha y evocaba aquella famosa expresión del Pibe

Desde la primera vez que repitió «esto es pura cultura, pura raza» la pobre reportera ya había caído en cuenta que esa platica estaba más que perdida. Desde mi ángulo veía la cámara por detrás y no podía ver aquel bombillito rojito, pero me atrevo a apostar que el camarógrafo dejó de filmarlo después de diez segundo de “entrevista”. Ya me imagino al pobre man alardeando con sus amigos del parche porque les hizo una entrevista a los de El País.

Después de presenciar semejante espectáculo me convencí que no aguantaba ni un minuto más por allá. Además, consolándome como para no pensar que la ida había sido en vano, me dije que por lo menos ya tenía algo que contar. Que si bien no me va a salir una crónica académica como la que espera mi profe, por lo menos tendré algo que medianamente les va a gustar a mis lectores ¿o no?

miércoles 11 de agosto de 2010

Bodies

Confieso que soy un pobre tipejo lleno de prejuicios. Siempre hago un juzgamiento –regularmente de forma negativa- de las cosas sin antes conocerlas. Me pasa con todo: presidentes, compañeros de estudio, profesores, novias, putas (que por lo regular son las mismas), películas, libros, etc. Infinidad de cosas. Es uno de mis cinco mil doscientos setenta y tres defectos de fabrica, en serio no lo hago de aposta, por eso pido que no me juzguen –vaya ironía-.

Hace poco –por ejemplo- mi mamá me trajo un par de bóxers. Unos finos, de los caros. No eran de Herpo, donde los compra mi amigo Camilo José, un guisito que conozco por ahí –no soy elitista, no tengo nada en contra de los que usan calzoncillos comprados en Herpo. Supongo que allá también venden modelos muy bonitos y exclusivos: (¿que-se-yo?) unos bien burdos que en el frente llevan un estampado que dice ‘todo esto es tuyo, garosa’, una vaina así, esos que usaría Marbelle si fuera hombre-.

Decía que mi querida madre me trajo eso, y yo, con lo malagradecido que soy, no fui capaz de detallarlo y de una sentencié que no me habían gustado.

-¿Pero por qué? Si así se están usando –exclamó ella. Y con toda razón, los bóxers eran de un solo tono pero con colores vivos: uno era morado (no el morado emo, sino un morado bacano) y el otro era rojito (no un rojo pasión, sino un rojo escarlatanaranjado), bastantes chuscos la verdad

-No sé, mamá. A mí me gustan negros, azules oscuros, grises… vos sabes que yo soy como más clasicongo

Entonces me dijo que yo por que era así, que por qué le decía no a todo, que yo no había visto las cosas –o probado, en el caso culinario (ojo a las malinterpretaciones)- y ya decía que no me gustaban, que eran feas.

Dos o tres segundos después de que callara, una parte de su melodiosa voz subió hasta mi mente y chocó de lleno contra mi conciencia. Así, y solo así, fue cuando en realidad le presté atención a lo que me decía. Comprendí el sentimiento, lo que no sé ve, lo que le da valor a las palabras. Y me odié, me odié por haberle hecho ese desplante, me odié como solo sé odiarme cuando la defraudo; cuando está en busca de palabras bonitas, de un te quiero, un te amo, y yo le contesto con patanería, con la peor de mis groserías. Cuando quiere un beso, uno fuerte, sonoro y cariñoso; pero si mucho le ofrezco un insípido abrazo. No merece un hijo que no le demuestra lo mucho que la ama, un hijo cobarde, eso es lo que soy, un cobarde que solo es capaz de decirle esto por medio de letras pegadas en una pantalla, sin poder mirarla a los ojos.

-Bueno, si no los quiere… -sin darme cuenta ya me los estaba arrebatando de la mano

-No, no, no, quieta en primera parcera, déjeme los cuquitos sanos. Mire que hoy mismo me los voy a estrenar

-¿Para donde va?

-voy a jugar un torneíto de Póquer

-Ay ¿Cómo así? Yo quería que fuéramos a Boris

-¿Quién es Boris?

-Pues Boris, la vaina esta de los cuerpos disecados

-Huy, ¡tenaz! ¿Cómo van a disecar a don Boris? Dios lo guarde en su gloria

Yo sabía que mi mamá se refería a Bodies, la exposición aquella donde cogieron a una cantidad de chinos y al mejor estilo de los falsos positivos los metieron a un cuarto, les echaron quién-sabe-qué-cosa, los pusieron en varias posiciones y los introdujeron en un sueño del cual nunca despertarán, o al menos eso espero -¿imagínese que uno esté en plena exposición y se mueva un chinito de esos? Yo no sé ustedes pero yo me cago, literal, y en bóxers nuevos…-.

-Vea Julián, vaya y acompañe a mi mamá, Bodies está solo hasta mañana y ella quiere ir –me advirtió mi hermana

Yo acababa de llegar de jugar futbol y ya era de noche, por lo que me tocó bañarme en parpa (par patadas) y vestirme en 6 (o sea en un dos por tres).

Fue una lucha contra reloj, estaba prohibido desaprovechar si quiera medio segundo, como será que para ahorrar tiempo oriné en la ducha y todo –bueno, siempre lo hago, solo que esta vez tenía la adrenalina de la maratón en la que estaba-.

Eso era: abra la llave del chorro, meta el pie izquierdo, meta el derecho, meta la cabeza –la de arriba-, meta las manos, el tronco, el pirulo, ¡mierda! esa agua está muy fría, cierre la llave.

Lo mismo fue con el jabón: enjabone aquí, enjabone allá, que la chucha, que el pirulo –un pirulo bonito, de revista y sin empaque-, que el trasereins, las piernas… todo eso. Y seguí: que vuélvase a enjuagar, que el acondicionador, luego el shampoo, etc –la echada del acondicionador antes del shampoo fue un error de cálculos, pero como estaba de afán no le presté mayor importancia-.

Recuerdo que la noche estaba fría –y oscura-, tanto, que cuando salí del baño me agarró el chiflón. No lo había sentido, se los juro, ni siquiera lo vi llegar. Me agarró por la espalda, luego pasó al pecho y terminó dándome una leve sensación de frío en la bolas –lo que me dio pie para suponer que en realidad se trataba de una chiflona ¿no?-.

Ya a salvo, en mi cuarto, terminé de secarme bien, me puse los ‘yiyos’, las medias y los tenis (imagínense ese cuadro) y me fui pa’l baño a verme en el espejo. El resultado es contundente: los bóxerscitos me quedan bastante coquetos, para que pero si, bien coquetos, déjenme decirles.

Era como las 7:00 p.m. y mi hermana no podía ir a acompañarnos porque ella ya había ido a ver la exposición con mi cuñado, además ese día había traído a la casa -por primera vez en mucho tiempo- a las amigas bonitas de la universidad.

Es en serio, no es que no hubiera traído nunca a las amigas, no: lo que pasa es que siempre llegaba con las más feas. Era (es) un vicio terrible, llegué a pensar que mi hermana solo se juntaba con las menos agraciaditas, que era la Aura María del cuartel de las feas de la escuela de enfermería de la Universidad del Valle.

Yo no sé si no las vi bien o que, quizá no las detallé como debía; en todo caso me quedó la impresión de que una de ellas se merecía al menos una sacadita a bailar, no era así una cosa de locos como para casarse de una, no, pero su rumbeadita si se la puede estar ganando. Digo.

***

-Huy ¿para donde van? –preguntó mi vecina, la chismosa, al ver que íbamos de salida

-Para donde Don Boris –le dije- el que tiene el cuerpo disecado

-Julián, respete. No se burle de mi mamá –gritó mi hermana desde el balcón

Mi madre vio a mi prima y la invitó –se llama Diana, vive en el tercer piso de la casa mía de mi mamá, tiene 19 años y cada que sale a rumbear le piden la cédula porque parece de menos-.

***

Nos bajamos del taxi –no sin antes abrir la puerta- le pagamos al señor, le dijimos que muchas gracias, que le fuera muy bien, que muchos éxitos, que lo llevábamos en el corazón y todo ese tipo de cosas que uno dice cuando se las quiere dar de buena gente.

Al llegar, como todo colombiano, lo primero que hice fue caminar hasta el inicio de la hilera a ver si me encontraba con algún conocido. Como no encontré a nadie, me fui resignado a hacer la fila como dios manda «como dios manda, como dios manda ¿Por qué todo tiene que ser como dios manda? ¿Cuál dios? ¿House?»

El museo La Tertulia queda en el oeste de la ciudad y a diferencia de lo que yo creía, no fue fundado por una vieja tuerta de nombre Tulia. Tampoco sé quien lo hizo, y a decir verdad me tiene sin cuidado, hay cosas más importantes por las cuales preocuparse.

Para comprar las boletas tuvimos que hacer una fila larga, muy larga. Tan larga que mientras la hacía sentí un deja vu: recordé aquellas filas de las finales de futbol –siempre que doy un ejemplo así me da una pena gigante con los hinchas de Millos, espero que no se sientan excluidos, hagan de cuenta que es una como la que hace la gente al momento de reclamar la cédula, algo así-.

De la fila ni hablar, tediosa como siempre: mi mamá se sentó en un murito que había cerca, mi prima y yo nos pusimos a hablar de güevonadas, yo le veía el culo a todas las viejas que pasaban, entre otras… -entre otras quiere decir que no solo les miraba el culo, sino también las tetas, las piernas, la cara, etc-.

Entre tanto mi mamá ubicó con quien conversar, por lo regular son madres de familia. Ellas comparten temas en común: los triunfos de los hijos, lo caro que está el arroz, el desafío, la telenovela de Marbelle, cosas así.

Yo estaba ahí, hablando con mi prima relajado, cuando de pronto me dio por parar oreja y oír de qué tanto hablaban (parar es un decir, quienes me conocen saben que desde chiquito las tengo grandes, y paradas… las orejas), escuché que la señora que estaba junto a mi mamá le explicaba las cuestiones logísticas de la exposición de Bodies.

-¿El museo La Tertulia solo tiene tres plantas? –interrumpí la conversación asombrado, me parecía el colmo que un lugar tan importante para la ciudad solo tuviera tres plantas- deberíamos regalarle una, má, cualquiera de las que tenemos en la terraza

Mi mamá le pidió disculpas, se armó de paciencia y me explicó que la señora se refería a los pisos del museo, que eran solo tres, que la exposición empezaba en el tercero y terminaba el recorrido en el primero, donde también estaba la tienda.

-¿Tienda? ¿Tienda pa’ qué? –pregunté- ¿Venden huesos, músculos para fritar y comer con maduro, fetos, esas cosas?

La señora metió la cucharada y me corrigió, me aclaró que en la tienda venden camisetas, gorras, llaveros, lapiceros, ese tipo de cosas. Yo le hice una cara a mi mamá –como quien dice ‘quiero una camiseta’- y ella gracias a esa conexión que solo madre e hijo desarrollan me entendió con solo verme. Me dijo que sí, que allá adentro me la compraba.

Y así fue, a penas ingresamos salí corriendo hacia la tienda, no me importaba la exposición cono tal, yo quería mi camiseta, nada más.

De hecho nunca me importó la exposición, si hubiera ido con mi hermana hubiese sido diferente, pues la chica es enterada del tema y me pudo haber explicado. Pero uno ahí, solo, sin entender un culo, oyendo a una boba que sabe más de maternidad de gallinas que del cuerpo humano, que de repeso era fea, narizona, sin gracia.

Lo que si me impresionó fueran las huevas –no las que habían contratado de guías, sino las otras, los testículos que llaman-, esas vainas le cuelgan a uno desde muy arriba, es impresionante. Con razón cuando uno se asusta dice que se le subieron las bolas al cuello, pues desde allá prácticamente vienen.

En todo caso quedé muy decepcionando de Bodies, como es posible que en la tienda no vendieran ni un fetico para usarlo uno como llavero. Les faltó más merchandising. Y a decir verdad, para ver huevas prefiero ir a la universidad y burlarme de un par que tengo como compañeros.

PD: El hijo de Yaneth agradece a todos quienes de una u otra forma participaron en el especial de aniversario. A los lectores que perdonen lo poquito, sé que los invitados dejaron el nivel muy alto pero esto es lo que hay. Ojala que les haya gustado si quiera un poquitico. Saludes de doña Yaneth, que los quiere mucho.

sábado 31 de julio de 2010

Anecdotario de nuestro escribidor

Por Mi Mamá

Tengo tantas cosas que contarles que no sé por dónde empezar. Creo que les gustaría conocer algunas anécdotas del escribidor (como dice mi hijo) de este blog:

Nuestro amado y querido escribidor (porque todas lo amamos y todos lo quieren… por su blog lógicamente… verdad?) cuando nació fue un bebe hermoso (y lo sigue siendo... lo de hermoso) Pesó 8 libras y algo, midió 54 cms. Más blanco que la leche, ahora para quienes lo conocen es negrito… el futbol lo tiene así. Se me olvidaba, fue parto sin dolor... y gracias a Dios hasta ahora no me ha dado dolores de cabeza… exageró cuando escribió lo de 8º. Año. Bueno volviendo al tema, empecemos:

1. Era tan blanco que a su querida madrecita Yaneth, cuando el bebe tenia 4 mesecitos se le ocurrió darle un paseo en coche a pleno sol para que se bronceara un poquito, lo único que logró... adivinen: una insolación. Ya imaginan.

2. Como toda madre cuando su bebe tiene 6 meses quiso darle huevito (de gallina) tibio, como lo recomienda el pediatra, pero mi escribidor no recibía el huevito, hacia todas las caras del mundo menos la carita feliz y obstinada porque mi bebe comiera huevito, le obligué a comer forzándolo… resultado: a mi amado escribidor le dio alergia (se puso rojooo... le salió un brotecito -popularmente salpullido-) conclusión: jamás le volví a ofrecer huevito. Por lo tanto, madres: NO obliguen a sus hijos a comer lo que no quieren... no sabemos las consecuencias.

3. Tenía Julián 2,5 añitos, fuimos a pasar semana santa a Silvia (Cauca)... la tía como sabía que no comía huevo, por molestarlo le ofreció:

Tía: Julián ¿quiere huevo?
Julián: Tiii
Tía: Como lo quiere, frito, revuelto, tibio
Julián: Fitooo

La tía le pasó una cacerola con el huevo frito

Julián: Nooo, ati nooooo
Tía: Entonces ¿cómo lo quiere, revuelto?
Julián: Tiii levuelto

Otra vez la tía le pasa un huevo revuelto

Julián: Nooo ati nooo
Tía: ¿lo quiere, tibio?
Julián: Tiii, tibio

Ya la tía le estaba siguiendo el juego, le pasó uno tibio

Julián: Nooo ati nooo
Tía: No jodas, vos no comes huevo...

Hasta la fecha no sabemos que entendió él por huevo o si por el contrario le estaba MG a la tía... jajaja

4. Estaba en el jardín (entiéndase por colegio… no jardín de rosas), tenía más o menos 3 añitos, el abuelo lo llevaba y lo traía acaballado en sus hombros. Cuando empezaron a hacer trazos en un cuaderno, nuestro escribidor llegaba a casa y sacaba su cuaderno, lápiz, borrador, sacapuntas, etc. (toda la miscelánea que tenia en su maletín) y empezaba a rayar, escribir (según él) Un buen día le pregunta al abuelo:

Julián: Pato (Pacho... así le decimos al abuelo) ¿cómo se escribe oto?

Abuelo: ¿Oto? ¿Un señor que se llama Otto?

Julián: Nooo... otttooo

Abuelo: ¿Otro? ¿Otro señor? ¿Otro carro?

Julián: Nooo... otttooo (ya medio impaciente)

Abuelo: ¿Oto? ¿Un señor llamado Otto? ¿Otro asiento? ¿Otro carro?

Julián: Nooo... Pato... otooo… EL ANIMAL

Abuelo: ahhh... OSO...

Julián: SIII, Pato... OTOOO, EL ANIMALLL...

Jajaja que se hace entender, se hace entender... desde su niñez.

5. Cuenta su abuela que al otro día del Halloween, tal vez tenía Julián 3 años, se encontraba con su hermanita de 7 años (en esa época) y empezaron a distribuirse los confites que les habían dado el 31 de octubre, la hermana repartía uno y uno, uno y uno… cuando se terminaron las golosinas, le dice Julián: venga veo yutetita... y trataba de levantarle el vestido (ella sentada estilo buda, en el piso) Nooo Julián. Él insistía... hasta que ella levanto la falda un poco y debajo tenía encaletadas (escondidas) más golosinas.

Conclusión: nuestro escribidor no se deja meter gato por liebre... jejejeje, es muy observador... NO DICE NADA PERO PONE UN CUIDADOOO!!!

6. Nunca dejó que mi peluquero en ese entonces le cortará el pelo. Tenía 4 años y una vez lo obligué, Norberto –el estilista- medio lo rayo haciéndole los llamados cortes, luego continuo Norberto conmigo. Estaba Norberto en su labor: poniéndome bella, y llega nuestro escribidor, tira a mi peluquero de la manga del pantalón, él lo mira y Julián le dice: Nolbeltooo… ¿CIELTO QUE UTE QUIELE SEL MUJEL? No se imaginan lo que sentí… que vergüenza, me puse pálida, me vi trasquilada o tal vez calva.

Yutetita (como él llamaba a su hermana de 8 años) lo saca del salón y le explica diciéndole que eso no se pregunta. Acto seguido Norberto me dice: LOS NIÑOS SIEMPRE DICEN TODA LA VERDAD.

Me quede muda, aún pienso si fue SU VENGANZA POR OBLIGARLO A QUE SE DEJARA PELUQUEAR DE NORBERTO… Investígalo Vargas... jejeje

7. De 6 años (nuestro escribidor), viajé con él a USA (no es por picármelas de que estuvimos en USA de vacaciones), su hermanita había viajado un mes antes. Llegamos a inmigración del aeropuerto Kennedy (si mal no recuerdo así se llama), fuimos a línea (fila) preferencial por el niño, todos sabemos que en muchos países los niños, adultos mayores, mujeres embarazadas no hacen línea (fila). En nuestra LINDA COLOMBA ya estamos tomando esta cultura.

Continuo: en inmigración me hicieron una serie de preguntas ¿Qué va a hacer en los estados unidos? ¿Piensa trabajar? ¿Cuidar niños? ¿Trae drogas? Etc. Al final me preguntan cuanto tiempo se va a quedar en los Estados Unidos, contesté un mes, el tiempo de mis vacaciones y Julián empinado y sosteniéndose con las manitas dice: Nooo, un año. Sentí un frio que recorrió todo mi cuerpo, me puse pálida (como nos meten tanto miedo cuando decimos que vamos para allá) pensé ahora nos devuelven y no voy a conocer New York, mi ilusión desde niña cuando empezaron a emigrar mis adorados primos

Pero gracias a Dios no pasó a más, seguro el gringo no lo escuchó, de lo contrario, ilusiones frustradas jejejeje. Después entendí que no se hubiese perdido mucho porque el mundo es igual: las mismas calles, casas, carros, almacenes, ropa, sale el sol, la luna, llueve, etc. Aún así me encanta viajar.

8. ¿Recuerdan el terremoto de Armenia en 1999? Tenía Julián 7 años, noticieros van, noticieros vienen, en uno de ellos pasan la imagen de una mujer que sacaban en camilla en ropa interior y dije: Pobrecita, seguro se estaba bañando. Y contesta nuestro escribidor: O HACIENDO EL AMOR. Me quedé perpleja, le contesté, solo atiné a decirle: si papi, es posible.

Nunca jamás me imaginé que mi hijo de 7 años pronunciara esa frase. Ya imaginan que alcances puede tener ahora… cuídense chicas.

9. La cooperativa de trabajadores de la empresa donde laboro. Ayer precisamente cumplí 29 años, no de mi existencia, 29 años de hacer parte de tan prestigiosa empresa, la cual amo, de veras, tengo millones de razones para amarla, lástima que en dos años y medio tendré mi retiro (por pensión) digo lástima porque me encanta lo que hago, me siento a gusto, pero ese será otro tema ¿verdad?

Continuo, la cooperativa cada año organiza las vacaciones recreativas para los niños menores de 15 años. Pues no se imaginan, a nuestro escribidor todos lo recuerdan por juicioso, por respetuoso, por acomedido, por charlatán y, porque organizaba partidos de futbol en los pasillos del famoso Hotel Intercontinental de Cali. Adicionalmente pedían pizza a domicilio en una de las pizzerías de la ciudad ¿Se imaginan ustedes llegando un domicilio al hotel intercontinental de una pizza mediana para 15 tipo una de la mañana? Jajaja… ahora a me rio, pero en su momento que vergüenza, eso fue con llamada de atención y todo por parte de las directivas de la cooperativa.

Al preguntarles por qué no la pedían en el mismo hotel, la respuesta fue ‘porque era muy cara y no nos alcanzaba la plata’… financistas ¿verdad?

Ahora les explico: uno de los programas era pasar una noche en dicho hotel, llegaban tipo 10 a.m. y regresaban el día siguiente tipo 5 p.m.

Uy, esta crónica se extendió… la última para que sean 10 y no se me duerman leyendo y digan que chévere que escriba de nuevo la mamá del hijo de Yaneth… mmm ¿será?

Esta es mundial, algo larguita para explicar al detalle, por eso la dejé de última:

10. Desde el año 1971 -lo recuerdo bien por aquello de los VI Juegos Panamericanos que se celebraron en nuestra ciudad- conocemos una familia que vive a la vuelta de nuestra casa, hoy por hoy nuestra amistad es de aquellas que muy pocas personas tienen la dicha de conservar.

Cuando nació nuestro escribidor, como se les narré al principio, era y sigue siendo hermoso, por lo tanto mis amigas (las de dicha familia) lo llaman MUÑECO. Por hermoso, no solo físicamente, sino por su manera de ser y ver la vida.

No eran las 8 de la mañana y ya estaban ellas en mi casa organizando maleta para llevarlo a su casa, tenía su madrecita (Yaneth) que irse con él para allá, hasta caer la tarde (tipo 7 p.m.), era y sigue siendo la adoración de dicha familia. Tan es así que aún almuerza y come (comida) allá. Este preámbulo para empezar con la anécdota.

No recuerdo cuantos años tenía nuestro escribidor, tal vez 2 años, porque no estaba aún en el jardín infantil al cual ingreso de 2,5 años.

Una mañana se fueron al supermercado (me refiero a mis amigas, Julián prácticamente vivía allí, solo venia a casa cuando yo lo buscaba después de mi trabajo) para hacer la remesa de la semana, quincena o mes, no sé. Se lo llevaron, mercaron, llegaron a casa, bajaron todos los paquetes. Eran más o menos las 10 a.m. y después de media hora se preguntaron ¿donde está muñeco? así le dicen…

Nadie sabía y en ese momento habían como 7 personas adultas en esa casa grande (de las de ahora 40 años, no como las de hoy que tiene que salirse uno para que entre el otro), los buscaban por toda la casa, debajo de las camas, alguien levanto el mantel de la mesa del comedor no: está allí, salieron a la calle, vinieron a mi casa a preguntar por él (solo estaba la señora que me ayudaba, su hermanita en el colegio, yo en la oficina), todo el vecindario lo buscaba.

A la abuela de mis amigas le empezó taquicardia, a la mamá de mis amigas se le subió la presión ¿donde está MUÑECOOO? De lo que si estaban seguras era que había llegado a casa con ellos cuando regresaron del super, estaban todos desesperados. Unos buscando por el barrio, otros atendiendo las abuelas de mis amigas con taquicardia y presión alta.

Después de media hora 45 minutos llegó un tío de mis amigas a casa y le contaron, él dijo hay que llamar a Yaneth, se disponían a llamarme cuando el tío tomó una silla del comedor del espaldar para retirarlo de debajo de la mesa y sentarse. Oh sorpresa, el asiento estaba pesadito. Cuando levantó el mantel y se incorporó un poco… Sorpresa, muñeco estaba allí , acostado a lo largo de dos asientos del comedor con cara de PICARDIA Y RISITA BURLONA.

Se imaginan el muy MALOSO, sabía que estaban desesperados por él y se quedo allí quietecito… concluyan ustedes.

Yo me enteré por la noche cuando llegué de mi trabajo. ¿Se imaginan que me llamen y me digan el niño o muñeco o como fuera, se perdió? por Dios, .no estaría contándoles el cuento… seguro me hubiese INFARTADO.

Queridos amigos, espero les haya gustado el anecdotario de nuestro escribidor, quedaron algunas, pero estas son las que me han impactado.

Le he solicitado a mi hijo que no le cambie nada, asumo los errores de ortografía y redacción, la idea es que él lo lea cuando lo tenga en su blog.

Quiero expresarles mis agradecimientos por ser fieles lectores del blog “EL HIJO DE YANETH”, a todos las personas que atendieron el llamado de mi hijo para la celebración de este primer año, muchas, muchísimas gracias.

A MI HIJO, muchas gracias por ser como eres, una persona transparente, con visión clara de lo que quieres para tu vida… no cambies para mal, cambia para mejorar.

Por último quiero dejarles esta frase para que la pongan en práctica en su diario vivir: Señor, guía mis pasos, orienta mis pensamientos y controla mi lengua.

Un abrazo de OsO para todos y DIOS LOS BENDICE.

La mamá de “EL HIJO DE YANETH”

N. de la R.

El hijo de Yaneth no encuentra adjetivos para calificar este texto. Mil gracias, mamá

viernes 30 de julio de 2010

Donación de Órganos

Por Yuceth Hernández

Inicio este post citando a una de mis docentes de la universidad que un día sabiamente me dijo lo más difícil de escribir es enfrentarse a una hoja en blanco. Y eso es precisamente lo que me sucede siempre, aun que sepa sobre que escribir, se hace más complejo el asunto cuando no tienes un tema especifico.

Cuando mi adorado hermano me comento sobre el especial de aniversario de su blog y me hizo una invitación poco formal a escribir de cualquier cosa, me puso una tarea difícil, pensé durante 20 días sobre que iba a escribir. Inicialmente me pareció chévere contar sobre como es ser la hermana del hijo de Yaneth, pero me parecía que tenía que escribir sobre muchos aspectos que seguramente las personas que se han dado la oportunidad y tienen la fortuna de conocer al gran personaje que es Julián Darío Hernández Trujillo les sería muy aburrió, así que decidí aprovechar esta oportunidad para escribir sobre algo que me parece realmente importante.

El fin de semana tuve la oportunidad de asistir a un evento muy importante que hace parte de un excelente proyecto de sensibilización sobre la donación de órganos. Cumpliendo con mi labor de cuidar la vida resolví rotundamente escribir sobre este tema que es algo espinoso y mitológico en nuestra sociedad.

Soy profesional de enfermería y a lo largo de mi carrera he percibido que alrededor de este tema existes muchísimas dudas y una de ellas es: ¿Cuál es el objetivo de donar órganos y tejidos? una de las principales razones para donar es poder salvar la vida de 55 personas que se pueden beneficiar de mi cuando yo ya no exista, es por eso que estoy totalmente convencida de querer hacerlo.

En países desarrollados como España, con una tasa de 34 donantes por millón de habitantes, anualmente se realizan miles de trasplantes, logrando que muchas personas se beneficien y tengan una mejor calidad de vida.

En Colombia, por el contrario, gracias a la mala información que día a día inunda en nuestros medios de comunicación, solo hay 9 donantes por millón de habitantes. Mientras tanto hay personas que mueren día a día esperando que la familia de un potencial donante tome la decisión de ayudar.

Hay vida después de la vida. Tengo el orgullo de contarles que soy hija de un hombre trasplantado hace mas de 15 años, gracias a la decisión de una familia que pensó que donando los órganos de su ser querido iba a mejorar la vida de otros, fue de gran ayuda, sin ellos mi papá tal vez no existiría; y si existiera, sin riñones no tendría la calidad de vida que tiene ahora, porque vivir no es solo estar haciendo presencia en este mundo sino saber vivir. Poder ser feliz, independiente, sin ningún tipo de limitaciones.

Espero que muchos de ustedes comprendan lo que significa tomar la decisión y sepan que en nuestro país el manejo de la donación de órganos y tejidos no es un tema improvisado, que existen profesionales en salud entrenados para darle manejo, físico y psicológico en torno a esta sabia decisión y sobre todo que la ley en Colombia lo legisla, lo controla y vigila.

Tome la decisión, hoy es por otros, nunca se sabe cuándo es por usted.

Entérese más sobre este tema en http://www.ins.gov.co/?idcategoria=1228.

N. de la R.

El anterior texto fue escrito en exclusiva para el especial de aniversario de nuestro blog. Lo expuesto en él no compromete la línea editorial de ‘El hijo de Yaneth’.

miércoles 28 de julio de 2010

Doña Josefa

Por Enrique Guzmán

Son las 11:48 p.m. de mi último sábado de vacaciones; es un día tan pero tan pero tan aburrido que parece un domingo sin futbol, un domingo santo, una vaina así.

No salí y no me importa no haberlo hecho. Mi hermana y mi cuñado se fueron para cine y no me invitaron. No es un reproche, ni los culpo: la mayoría de las veces me llevan, era justo que esta vez salieran solos. Que no se encartaran con su violinista de cabecera.

Por mi parte, y a pesar de todo, me siento estúpidamente feliz. O sea, estoy feliz, muy feliz y no sé por qué. La situación no lo amerita: estoy vaciado, le debo mucha plata a alguien (menos mal me estima porque de ser otro no me imagino que hubiera hecho ya); me queda solo un día de vacaciones, perdió el equipo de mis amores, cada vez tengo menos amigos, cada vez le caigo mal a más gente, me he vuelto más grosero, más sarcástico, más irónico, más mala persona.

No obstante, Lo peor de todo es que eso me hace feliz; no el deber plata, ni que mi equipo pierda; lo otro es lo que me gusta: ser sarcástico, mala persona, no salir, no tener amigos, etc. Eso me hace feliz, estúpidamente feliz –cosa que me alegra, es un buen síntoma, confirma que al menos no soy emo. Sobre todo porque soy crespo y supongo que conocen el chiste acerca del emo crespo-.

Lo único que he comido durante el día es pan. No almorcé porque me levanté tardísimo y en la noche no me había dado hambre, hasta ahora, muy a las 11:50 de la noche, hora en la que probablemente ningún chuzo de comidas rápidas está abierto. Lo único disponible para comer que tengo cerca es pedirle un turnito a Lina –una ex novia puta que vive por aquí- pero hace poco la vi y está bastante gordita, ya no esta tan buena como cuando salía conmigo. Pero esa es una historia que no vale la pena mencionar.

Tengo hambre, mucha hambre y sé que no voy a poder aguantar hasta las 4:00 a.m. –hora en la que regularmente me acuesto-. Voy a la pieza de mi mamá y como quien no quiere la cosa le comento que tengo una pisca de hambre –no sin antes poner mi característica cara de ternero-. Ella vacila un poco, me regaña por no haber comido y me dice que pida algo a lo que ella llama ‘Los Vikingos’

-¿Qué es eso? –Le pregunto- yo conozco los bikini, los veringos, pero ¿Los Vikingos? Ni idea

-Ay, hombre, ahí donde usted pide la lasaña

-¿Dónde? Má ¿Los Vikingos? No, ni idea, de verdad –yo ya sabía a qué sitio se refería, una pizzería por aquí cerca que se llama Bambino’s, pero yo quería recocharla

-Ay, ahí, ahí, donde usted pide la pizza ¿no se acuerda? Que traen domicilios y todo –como la noté un poco brava dejé de joderla y me fui a pedir mi lasañita

-Ah, ya, ya. Bambino’s má, Bambino’s

-Bambino’s… Vikingos… eso es la misma cosa. Pídase una lasaña para usted y una porción de pollo con champiñones para mí

Ahí me fui por el teléfono y llame a pedir lo mío

-Aló –contestó la vieja

-Sí, buenas ¿de dónde me contestan? –pregunté porque se me hizo raro que no contestaran con un ‘Bambino’s Pizza buena noche’

-¿A quién necesita?

-A Bambino’s

-No, don Bambino no vive aquí

-Que pena

Colgué y me quedé pensando ‘¿Qué habrá pasado?’ ‘si yo marqué bien’ ‘Que raro’

-Aló –yo había vuelto a marcar

-¿Bambino’s Pizza?

-¡Que no, hombre! –Me dijo en un tono bastante grosero- Aquí no vive ningún Bambino

- Que pena, señorita –la pobre viejita se lo habría tomado como un cumplido, de pronto, pero en realidad me estaba burlando- ¿en serio eso no es una pizzería?

-¡Que no! –A la pobre ya le iba a dar un patatús- ¿Por qué insiste?

-Pues porque ese es el número al que siempre he llamado –yo también me estaba sulfurando- Vieja setenta hijueputa

Colgó.

-Aló –volví a marcarle

-Perdón ¿de dónde me contestan? –me parecía imposible que hubieran cambiado el numero de teléfono en menos de dos semanas

-¿A dónde está llamando?

-¿Ese es el 332 24 24? –ahí, en ese momento, cuando mencioné en voz alta el numero, caí en cuenta que no era 24 24 sino 22 22

De inmediato colgué y ahí si marqué el teléfono que era: 335 22 22. Pedí lo que tenía que pedir en medio de una fuerte batalla contra mí mismo para no soltar ni una carcajada.

Luego no pude contener la risa, pobre viejita, ella toda inocente y yo insultándola. Aun así no me arrepiento, se lo merece por grosera.

Hace poco no tenía nada que hacer y volví a llamarla, estaba ocupado, y por más que lo intenté no pude comunicarme con doña Josefa –como cariñosamente la apodé-.

Lo único cierto y que yo a esa pizzería llamo muchísimo por domicilios y, conociéndome como me conozco, muy seguramente voy a hundir el dedo mal un par de veces. Quién sabe qué Josefa me contestará…

N. de la R.

El anterior texto fue escrito en exclusiva para el especial de aniversario de ´El hijo de Yaneth´, especial que culmina el sábado con la publicación del texto de la mismísima, famosísima e inigualable Doña Yaneth.

PD: El hijo de Yaneth apoya la causa de la Twitterton, por el momento no estoy en la capacidad de hacer un aporte económico, solo puedo ayudar pidiéndole a mis lectores que ingresen a http://twitterton.blogspot.com/ y se enteren de que se trata (no se aceptan sumas simbólicas).

lunes 26 de julio de 2010

La década prodigiosa

Por Carolina Ruiz

Tengo 30 años y medio y me encanta, porque gracias a ello mi infancia (no yo) se desarrolló en una década prodigiosa, la de los 80, donde ser 'boleta' no era un pecado sino una bendición. Por eso agradezco a mis papás el no haber aplazado el 'gustico' unos años y haberme traído al mundo un diciembre de 1979.

Lo que soy, lo que no soy y lo que pretendo ser, se lo debo en parte a esa época. Cómo olvidar que gracias a Menudo, al General soy la reina de las coreografías. Que no hay fiesta en la que no suene el Meneíto y salga como loca a encabezar la fila, o salida de 'plancha' en la que no me baile 'Claridad' de Menudo o 'Don Diablo' de Miguel Bosé, eso sin contar esas maravillosas canciones que se quedaron olvidadas en alguna rockola como "ahí va Villa, arriba, arriba Pancho Villa... ohohoho" y que bailaría sin problema alguno.

En mi memoria también están esas noches en las que mis padres me permitían ver televisión hasta tarde y, con un ojo en el pasillo del apartamento y otro en la pantalla, veía El Show de Benny Hill pensando que era lo más atrevido que había. Claro, tiempo después las Hinojosa se encargaron de quitarme la venda de los ojos.

Tampoco podré olvidar la libertad que de niños teníamos. Viví (y lo poco que crecí) en una unidad que tenía en el exterior zonas verdes en las que jugábamos sin temor alguno. Corríamos de un lado a otro, atravesábamos con tranquilidad la cancha para ir a la tienda más lejana a comer sandi (creo que algunos le dicen 'boli') al escondido, pues nuestras madres nos decían que estaba hecho con agua de caño.

Además, hago parte de esa generación de transición que disfrutó jugar con muñecas, escondite, ponchado; que tembló cuando el primer novio se atrevió a besar una mejilla y que tomar la mano del chico era algo así como alcanzar el cielo.

Pero también soy de esos que tuvo acceso a los primeros videojuegos (#yoconfieso que el único que jugué fue Atari 2600 porque mi motricidad fina me impide manejar controles con más de un botón), que usó máquina de escribir para luego pasar al flamante computador y que gracias a eso hoy chapucea en ese mar de tecnología.

No me imagino creciendo en la década de los 90 o en el caótico 2000, donde la timidez está en vía de extinción, donde los cachetes solo se ponen rojos cuando los pintas con rubor, donde el reggaetón es una especie baile maldito que resultó peor que nuestro baile prohibido (La Lambada que llegó, pegó y se fue).

Digo orgullosa que gracias a Los Cariñositos, Los Pitufos, Jem, Nubeluz, La Abeja Maya, El Capitán América y muchos más, aun conservo cierta ingenuidad, cierta ilusión que me hace buscar siempre ese lado bueno que hasta villanos como Gárgamel tenían, así estuviera bien escondido.

Por eso, como escribí arriba, lo que soy se lo debo en parte a esa década prodigiosa. Así que cualquier reclamo, piropo o sugerencia #laculpaesdelos80.

N. de la R.

El anterior texto fue escrito en exclusiva para el especial de aniversario de nuestro blog. Lo expuesto en él no compromete la línea editorial de ‘El hijo de Yaneth’.

sábado 24 de julio de 2010

La imprudencia del látex

Por Diego Romero

Siempre fui obligado a vivir como un niño más grande de lo que mi edad indicaba, primero, porque era más alto que todos los niños contemporáneos, y segundo, porque fui hermano y primo de la mitad y yo no me iba a “mariquear” con primos menores, no señor, yo me juntaba con los grandes, los que fumaban (así solo les prendiera sus cigarrillos), los que jugaban parqués con aguardiente hasta la madrugada (así no tomara, ni entendiera cómo soplar en el juego), los que hablaban de “la paja” y de las musas que inspiraban el acto (así pensara que la paja picaba mucho); así no entendiera, yo debía estar ahí.

Gracias a esta personalidad de niño grande, el día que a mi hermano mayor le hablaron sobre sexo, yo estuve allí a la edad de 6 años y fue nuestra madre, Doña Luisa, quien se apoderó del tema con gran madurez, a pesar de que actualmente escuche las palabras “clítoris”, “teta”, “pene”, “Kamasutra” y “sesenta y nueve” y suelte una carcajada nerviosa.

Creo que a ella nunca le enseñaron sobre sexo tal y como ella nos enseñó a mi hermano y a mí:

– Felipe, Diego, esto es un condón y sirve para prevenir embarazos no deseados y para evitar enfermedades mortales –dijo una nerviosa madre.

Así empezó la demostración, mientras Doña Luisa rompía uno de los cientos de empaques dorados que mi papá guardaba en el cajón de su escritorio y que, hasta ese día, tenía entendido que eran chicles –chicles que a él no le gustaba compartir con sus hijos, motivo por el cual no solo sentí mucha ira, sino que casi a diario buscaba la forma de encontrar la llave del cajón para sacar un preciado dulce–. Tocamos el látex, tratamos de entender su forma y función, sonreíamos de curiosidad mientras Doña Luisa sonrojada decía:

–No les dé pena por un condón, es algo muy común e indispensable en toda relación, cuando dos personas se quieren lo usan regularmente.

Nosotros no sentíamos pena, sentíamos curiosidad, no entendíamos su funcionalidad, lo que sí entendimos era que si mi papá y mi mamá lo usaban debía ser bueno. Mi mamá miraba el condón y seguía sin parar su discurso:

– Hijos, su vida estará llena de tentaciones, las cuales serán mucho menos peligrosas con un condón.

Es decir, caigan en la tentación, pero caigan de pie.

Luego de diez minutos de manoseo y discurso mi hermano mayor interrumpió al decir

– Ya, ya no más, ya entendimos que sin este caucho no podemos vivir, pero ¿en qué dedo lo usamos?

Ante la pregunta, mi mamá soltó su característica risa de bruja y respondió:

–Negrito, eso se usa en el pene.

Yo interpelé:

– ¿El pene es el mejor amigo de las chicas? Eso dice mi abuelito Julio.

– Este… sí… mmm… no, –respondió rápidamente Doña Luisa– el pene es lo que ustedes llaman “pituche”. El pipí, pues.

– Ahhhhh, así sí, dijo mi hermano.

Obviamente, lo primero que hice fue medirme por encima del pantalón el condón, luego hice el mismo acto con mi hermano, que no podía hablar de la risa y que cuando tuvo aliento le dijo a Doña Luisa:

–Mamá, para qué nos muestra este “rondón”, si no nos queda bueno.

****

Mi madre nunca supo, a pesar de las mil insistencias nuestras, responder por qué había intentado enseñarnos sobre sexo siendo tan pequeños. Creo que su deseo por educar y ser una buena madre pudo más que la lógica que dictaba nuestra comprensión. Ese mismo día, como usualmente hacíamos, fuimos con mi hermano y mi mamá a comprar arepas de maíz sin pelar con queso costeño al Carulla de Pablo VI, yo compré mi acostumbrado cómic y mi hermano su acostumbrado chocolate de 12 piezas, y al momento de pagar mi madre sacó un billete de 500 pesos que estaba rodeado por un extraño objeto de color blanco. La cajera y el señor que empacó lo comprado miraron a mi madre desconcertados, mientras ella, ruborizada, soltó la carcajada más extraña que alguita vez le escuché y yo inmediatamente le dije a la cajera:

–Señora: no tiene por que sentirse mal, eso es un condón y se utiliza en las relaciones de amor, pues con ese aparato que huele a bolsa vieja a usted no le transmiten a un bebé. ¿Cierto mami que eso es necesario? Mi papá tiene un montón en el escritorio, aunque se le han ido acabando, es que mis papitos se quieren mucho. Desde que usted respete, lo demás es el condón. Mami ¿por qué no le regalamos ese a la señora? De pronto le sirve. Señora: ¿Usted tiene novio? ¿Usan condones?

Desde ese día he sido el imprudente de la familia.

N. de la R.

El anterior texto fue escrito en exclusiva para el especial de aniversario de nuestro blog. Lo expuesto en él no compromete la línea editorial de ‘El hijo de Yaneth’.