sábado, 4 de diciembre de 2010

Me acuerdo

Me acuerdo de la primera vez que tuvimos un computador con acceso a internet aquí en la casa. Yo tendría 9 o 10 años y me metía a la sala “adolescentes” de Latinchat a enamorar a cuanta niña me encontrara haciéndome pasar por un italiano de 16. Cuando me pedían foto yo les mandaba la de los amigos de mi hermana –a quien supongo que enamoraban de la misma forma-. Mi mail por esa época era ellocojuli@latinmail.com

Me acuerdo que una vez le pregunté a mi abuelo Pacho que cómo hacían los cajeros automáticos para dar la plata. Él me dijo que en la mañana trabajaban niños ahí dentro, en la tarde unos adultos y en la noche les tocaba a un par de viejitos. Le creí. Hoy en día cuando voy a retirar plata hasta los saludo y me despido dependiendo de la hora, como regularmente es en la mañana yo llego y les digo: “gracias niños, recuerden tomarse la sopita”.

Me acuerdo cuando le casqué un rocazo en la cabeza a mi primo Miguel Ángel mientras jugábamos a tirarnos piedritas. Sin dar muestra alguna de dolor me dijo que le iba a decir a mi mamá. Me puse a llorar de inmediato, sabía que el regaño que me iban a pegar era monumental. Estábamos en Yumbo y cuando me vieron entrar a la casa envuelto en lágrimas todos pensaron que mi llanto era porque extrañaba a mi hermana a quien por esos días habían mandado de vacaciones a Disneylandia. Me preguntaron que si era por eso y yo no dije nada, mi mamá y sus primas confiaron en su hipótesis y a cambio me regalaron un maletín de Mickey Mouse que habían traído de Estados Unidos. Fui feliz.

Me acuerdo de Alba, la viejita que vivía al frente de donde Socorro, la mamá del Fi –se pronuncia “fay”-. Y a su vez mi segunda mamá. Desde chiquito yo jugaba futbol en la calle con César –el Fi- y cuando el balón caía en la casa de ella la muy perra lo cogía y nos lo pinchaba. Las puteadas que le pagaba Socorro a la malparida esa eran magistrales, inolvidables. Hoy en día debe estar ardiendo en el infierno. Vieja puta.

Me acuerdo un familiar que está próximo a morir, se llama Luis y desde que tengo uso de razón tiene una camioneta muy vieja y destartalada. En ella jugábamos todos los primos, por esa época salió al mercado la “Toyota Hilux” y alguien -no sé quien- le bautizó la camionetica como la “Hi-Luis”. Cuando me entere voy a hacerle un busto al creativo.

Me acuerdo de Graciela, nunca supe si pertenecía a la familia o no, el caso es que era una viejita y todos los primos la odiábamos por chismosa. Anteayer murió. Aun recuerdo cuando Miguel Ángel le decía “Graciela” a Viviana, su hermana, porque esta iba a ponerle quejas a la mamá.

Me acuerdo cuando me iban a meter a una academia militar, yo tenía 7 años, me hicieron mil exámenes y todos los pasé. Al final mi mamá desistió de esa idea porque alguien le dijo que en esos lugares maltrataban demasiado a los alumnos. No me quiero ni imaginar que hubiese sido de mí si me hubieran educado allá.

Me acuerdo que siempre envidié a mi hermana porque yo no tenía padrinos y en cambio ella tuvo tres –una madrina y dos padrinos-. Que injusta es la vida ¿no?

Me acuerdo cuando le vi las tetas a Jaidy, una de las primas más bellas de la familia. Ella se vestía en el cuarto de mi hermana, donde estaba el teléfono; yo tendría unos 12 años -ella 17- y necesitaba llamar porque iba a pedir unos CD´s de Play1 a domicilio. No le vi sus atributos de mala fe, sabía que acababa de salir del baño y calculé un tiempo considerable, al asomarme a lo lejos vi que la puerta estaba abierta y por eso entré así no más como si nada. De haber sabido que ella se cambiaba con la puerta abierta hubiera entrado muchísimo antes.

Me acuerdo que al otro día ya les había contado mi hazaña a todos mis primos y amigos de la cuadra. Me idolatraron.

Me acuerdo del exquisito humor de mi papá.

Me acuerdo de La Lleva, Ponchado, Bobi, 18 pasos, Tintín-Correcorre, Stop y del “por mí y todos mis amigos” del escondite; no faltaba quien “quemara la olla”, claro.

Me acuerdo que mi muñeco favorito de toda la vida siempre fue el demonio de Tazmania. Que mi animal predilecto es el rey de la selva y que hace un par de años compré en Villa de Leyva un llavero en forma de León el cual nunca he usado. Pienso dárselo a mi esposa el día en que vaya a pedirle matrimonio.

Me acuerdo de todos los partidos del Cali en la Libertadores del 99. Ese año tuve la dicha de ver por primera vez en la vida un partido de mi segundo amor futbolero: el River Plate. En esa ocasión le ganamos 1-0 con un gol que el gran Martín Zapata hizo de penal.

Me acuerdo que a todo amigo de mi mamá que venía a la casa lo azaraba para que jugara conmigo un “campeonatico” de futbol en un pasillo grande que atraviesa un par de habitaciones. Eran varios los que accedían al reto, en este tema yo era el propio cólico.

Me acuerdo la vez que jugué en el Pascual Guerrero. Yo jugaba en el Cali y el estadio estaba lleno porque antes de un partido que de los profesionales tenían contra el Santa Fe nos programaron un enfrentamiento entre las divisiones menores. Ese día hice dos goles y todo el mundo los celebró como si fuera la final del mundial.

Me acuerdo cuando una vez le dije algo a mí ahijada de 4 años y ella me respondió de la misma forma como yo hubiera contestado. En ese momento confirmé la teoría de mi mamá que los ahijados salen muy parecidos a los padrinos en cuanto a la forma de ser. Desde ese día les pido a todos los Dioses habidos y por haber un futuro mejor para la niña.

Me acuerdo que la primera y única vez que he intentado irme a los golpes con alguien fue en el taller de Artes Gráficas de mi colegio. Fue por un juego chimbo, el man era un chiquitico ahí y me caía hasta bien, yo lo saludé con un puño suavecito en el brazo; él me dijo que no le había dolido, que le volviera a pegar, lo hice. La escena se repitió un par de veces más hasta que el pirobo ese de un momento a otro dijo que “ya le tocaba a él” y me lanzó un puño en la cara. Yo me lo esquivé y me le fui encima a darle duro pero me cogieron. Nos dejamos de hablar y solo interactuábamos cuando nos dábamos un par de buenas pataditas en los partidos de Educación Física.

Me acuerdo de los mejores apodos de mis compañeros del colegio: “El Pintoso”, “sobrado e´ tigre”, “gerardosaurio”, “pituche” (el man se enorgullecía de su apodo), “la care mapache”, “totoy”, “rocoto relleno”, “camello”, “el perro”, “moto ratón, "tratamiento", “la moña”. Yo tenía el peor: “el farza”. Me lo pusieron por una estupidez que no vale la pena explicar ahora.

Me acuerdo que hace más de un año Valentina –a quien se le puede dar el rotulo de “primer amor”- y yo decidimos darnos una segunda oportunidad. Nadie tuvo tiempo ni de enterarse, a la semana de haber vuelto ella me dejó de la misma forma como yo la había dejado a ella 5 años atrás. Bastante justo me pareció. Jamás se lo reproché.

Me acuerdo que ya tengo imprimido el primer ejemplar de mi libro, es una recopilación de las mejores publicaciones de este blog. Ha sido de los mejores regalos que jamás me han dado en la vida.

Me acuerdo de todos los idiotas que creyéndose muy sabiondos me han dicho que "imprimido" está mal dicho.

Me acuerdo que hace poco le puse a mi testículo izquierdo el nombre de Camilo José, aun no sé como bautizar al derecho ¿ustedes qué proponen?

PD: me parece que este no merece ser llamado el mejor blog, no sean tan poco objetivos. Con la nominación a los tales premios es suficiente, de verdad.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

FELIZ CUMPLEAÑOS MAMÁ

viernes, 22 de octubre de 2010

Advertencias de mamá

Fue ahí, sentada en un mueble de la casa de Socorro –quien a su vez es mi segunda mamá- donde mi mamá, Yaneth, mirándome fijamente los ojos y con su dedo índice señalándome bruscamente me advirtió: Julián, vos te llegas a poner aretes, o alguna de esas maricadas, y te me vas de la casa.

Tendría unos 8 años y no entendía por qué querría yo ponerme un arete –o alguna de esas maricadas- ¿acaso eso no lo usan las mujeres? ¿Qué sabe mi mamá que no sé yo? ¿Para qué un hombre se pondría un arete?

Esa vez me guardé mis preguntas y asentí mientras me imaginaba a mí, quien soy bien orejón, con un arete colgándome de la oreja mientras buscaba un puente donde quedarme por el resto de mi vida.

El motivo de esa advertencia tenía nombre propio: Jorge Andrés, el niño que vivía en el segundo piso de la casa de Socorro, con quien solía jugar a las escondidas, la lleva, ponchado, tin tin corre corre, 18 pasos y demás, el mismo que tiempo después me vendería en $800 unas imágenes pornográficas de Goku y Milk –razón por la cual me pegaron una cascada monumental- a sus 11 años y medio ya lucía con orgullo la candonga de oro golfi que llevaba puesta en su oreja izquierda.

Fue esa misma advertencia –la verdad no estoy seguro pero me gusta echarle la culpa a los demás- la causante para que yo haya crecido con un inevitable prejuicio hacia los hombres –al menos en nuestra cultura colombiana- con aretes, topos, candongas, pedazos de latas, ganchitos, alfileres, tapas de gaseosa o cualquier artefacto que estas mentes creativas suelen colgarse de sus partes auditivas: los veo y de entrada me dan mala espina, pienso que, como mínimo, me van a robar.

Con el paso de los años me guardé un par de preguntas más: me imaginaba, por ejemplo, cuál sería la reacción de mi mamá cuando me viera llegar “caído de la perra” –no de la perra Lina, mi ex novia, sino bastante alicorado-, que diría, entonces, cuando eventualmente notara en mí esa envidiable alegría y aparente tranquilidad que solo tienen los marihuaneros; ¿que sería más grave que echarme de la casa? ¿Echarme de la casa dos veces?

Por fortuna esas preguntas nunca tuvieron respuestas, me explico: la primera vez que me emborraché estaba con ella y lo único que me dijo al otro día fue: bacana la experiencia ¿cierto? Créanme que después de eso no me he vuelto a emborrachar en mi vida –la de la excursión en San Andrés no cuenta-. Por el lado del vicio no hay ni la más mínima posibilidad, jamás me he metido un cigarrillo a la boca y estoy seguro que nunca me lo meteré.

Dicho lo anterior sólo quedaba una advertencia, advertencia que yo no tenía presupuestada y que, si bien no era tan grave como la primera, esta si iba a traerme un par de inconvenientes. Aquella era la siguiente (imaginen tono de mamá, alzada de cejas y señaladas con el índice): mire, Julián, si a usted lo llegan a llevar a una estación de policías, sea cual sea el motivo, no pierda su llamada en mí porque yo no lo voy a ir a recoger a media noche ¡olvídese!

-Y si es a medio día

-Nada, allá se queda

Si me lo preguntan, yo diría que ella no sería capaz de cumplir ambas advertencias ¿pero para que arriesgarse?

Era precisamente esa última sentencia, aquella que me auguraba como mínimo una noche al lado de gente de la peor calaña –manes que seguramente a los 13 años ya tenía perforadas las orejas-, la que me rezumbaba en los oídos esa tarde del viernes del 27 de octubre de 2006 (lo recuerdo como si hubiera sido hace 4 años).

Yo jugaba en El Limonar (el equipo donde terminé mi carrera deportiva) y ese día, después del entreno, pensaba ir a respaldar a un grupito de compañeros del colegio que estaban aleteando a otros cuantos de una unidad residencial.

Mi respaldo consistía en ir a hacer acto de presencia, pues no soy de los que resuelve los problemas a golpes –por lo menos no golpes físicos, aunque ganas no me han faltado con un par por ahí, pero ese es otro tema-, sin embargo fue porque dicen por ahí que los amigos están en las buenas y en las malas, así “las malas” sean idioteces como peleas de grupos.

Salí de entrenar, decía, y me dirigí hacia el punto de encuentro que quedaba en el Primero de Mayo, el mismo barrio de la unidad –lógicamente, no íbamos a ser tan pendejos de citarnos al otro extremo de Cali-. Cuando llegué ya estaban unos y al cabo de unos cuantos minutos ya estaba el grupo completo, éramos como 40.

Yo le había dicho a mi mamá que no se preocupara, que después del entreno iba a ir donde Juliana –la chicuela con quien salía por esos días- y que no me demoraba, que íbamos a ver una película y ya, creo que eso fue lo que le inventé.

En bandola nos fuimos hacia la unidad de los susodichos y después de un par de minutos ya estábamos frente de la portería.

-Mírenlos allá –dijo señalando hacia dentro uno de los que había convocado a la gente- son esos cuatro gatos

-¿Cómo así? ¿Vinimos a pelear contra unos felinos? –Pregunté algo confundido- cojan oficio ¿Qué dirán las fundaciones protectoras de animales?

-No sea huevón, Hernández, mire que esto es algo serio, mire que vamos a defender el honor del colegio

-¿Ah sí? ¿Y si vamos a defender el honor del colegio porque aquí no está el rector?

Naturalmente nadie respondió nada, así como naturalmente los cuatro manes de la unidad no salieron. Los que si salieron fueron los papás de estos a hacer tiempo mientras llegaba la policía.

Uno de los señores nos dijo que nos fuéramos de ahí que ya habían llamado a la policía y que además él estaba enfierrado. A su vez, uno de mis compañeros, quien además era el más gamín y burdo del colegio, le dijo que él también estaba “enfierrado” y acto seguido se mandó la mano al pipí. Al señor le dio risa y puedo jurar que le vi una sonrisa coqueta hacia mi compañero.

De repente oímos una moto y acto seguido todo el mundo arrancó a correr.

-¡La policía, la policía! –gritaban como locos. Y de una empezaron a correr

Yo también hice lo mismo: recordé mis épocas de diarreico en potencia y corrí como alma que lleva el diablo.

Antes de llegar a la esquina vi que esa calle era en forma de “T”, por eso grité apresurado que cogiéramos unos para un lado y otros para el otro. Esto para despistar a los policías –quien solo eran dos, no sé si ya lo dije: pero solo nos perseguía una patrulla motorizada. Es que tengo serios problemas de escritura-.

Al llegar a la esquina yo cogí hacia la izquierda, sin contar que todos los demás –o al menos la gran mayoría- cruzaron hacía la derecha –les juro que todavía pienso que lo hicieron de aposta-. Es que me parece imposible: de cincuenta-y-tantos que íbamos sólo tres huevones cogíamos hacia la izquierda y, como era de esperarse, los hijuemadres policías salieron fue detrás de nosotros, con que agarraran a uno era más que suficiente para ellos.

Recuerdo que yo era el único avispado que había ido con maletín –por aquello de los guayos-, y además, de los tres, yo iba de último y en cualquier momento me agarraban del maletín y perdía el año.

De repente sentí la moto de la policía muy cerca de mí, en ese momento me las di de “Seiya” y le pedí a “Pegaso” que me diera todas sus fuerzas para correr. Pero nada, “Pegaso”, al igual que los otros dioses en los que creo –House, Adal Ramones, Picoro Daimaku, Vito Corleone, y demás- no me oyó y un par de segundos después aquellos hombres quienes algunos le dicen “aguacates” o “polachos", ya estaban a pocos centímetros de mí.

Entonces tomé una de las mejores decisiones que he tomado en mi vida: parar en seco y correr hacia el lado contrario. Como los policías no se esperaban esa “chapulinada” –o sea no contaban con mi astucia-, desistieron de ir por mí y siguieron derecho en pro de atrapar a los otros dos que iban adelante mío.

Al final, cuando ya me había encontrado a los otros, llamaron a decir que había cogido a Carlos Ramírez, el "Daniel Arenas" del colegio. Pero como me caía mal por llorón no me importó y me fui para mi casa.

-Hola má, ya llegué –le dije como si la presencia misma no fuera suficiente para convencerla que efectivamente ya había llegado

-Hola ¿Ya comiste?

-Si señora

-¿Y qué tal la película?

-Huy, muy buena, me pareció bastante real. Era sobre persecuciones policiacas.

jueves, 2 de septiembre de 2010

Petronea mami, petronea

Es el colmo. En esta ciudad se perdió la poca cultura que nos quedaba. ¿Cómo es posible que uno va al Festival de Música del Pacifico Petronio Álvarez –evento cultural llevado a cabo hace poco- y los vendedores no hacen más que gritarle a uno obscenidades?

No sé como habrá sido con los demás asistentes, pero a mí me trataron de una manera inaceptable, fue tenaz: al comienzo me requisaron de una forma sospechosa, hasta ahí nada grave, pero más adelante, después de que pasé la primera requisa, los vendedores comenzaron a decirme arrechón.

-Arrechón, arrechón –gritaban a medida que pasábamos por su lado

La primera requisa fue para ingresar tan solo al parqueadero, de ahí tuvimos que caminar como 200 metros más para poder hacer la fila e ingresar así a la plaza de toros como tal.

Esos 200 metros fueron tétricos: no es fácil ir con tu grupo de amigos de la universidad a equis lugar y que personas desconocidas te tilden de arrecho.

-Arrechón, arrechón –decía el uno- arrechón, arrechón -gritaba el otro.

Era insoportable, de verdad ¿no les ha pasado que están en un sitio y de buenas a primeras te acusan de algo que eres?

Está bien, lo acepto -y de hecho lo he dicho en pasadas ocasiones-: como todo hombre, yo también le miro el culo y las tetas a las viejas –no a las amigas de mi abuela que pertenecen al grupo de oración de la iglesia de aquí a la vuelta, no; sino a las mujeres llamativas, con gracia, de esas que sí vale la pena morbosear-. Porque eso sí, todos tenemos nuestro lado oscuro -excepto Michael Jackson, claro, porque al pobre morocho le dio vitíligo, lo saben, pero eso es tema aparte-.

Todos tenemos nuestro lado sucio, decía, pero de ahí a que uno se la pase arrecho todo el tiempo -como trataban de suponer los vendedores de ese día-, hay mucho trecho. Yo no soy de los que anda buscando mujeres a la lata para ver cual cae, el de esas es mi amigo Camilo José, sí, ese twittero influyente, pero yo no. Espero que les quede claro, por eso me parecía una infamia que esa gente se refiriera a mí como “El Arrechón”.

Fue entonces, a falta de 100 metros aproximadamente, que se me ocurrió separarme del grupo, es decir, yo iba como con 4 mujeres y 3 hombres más y era muy factible que “El Arrechón” no fuera yo, sino que se tratase de alguno de mis otros compañeros.

-Ya los alcanzo –les dije- me pareció ver a una amiga por allá donde está la pantalla y quiero ir a saludarla, sigan sin mí que yo ya llego.

Me hice el huevón –cosa que hago a la perfección- y me fui en busca de la supuesta amiga dirigiéndome hacia una pantalla gigante que estaba en el sentido contrario.

Pero no, al andar solo lo único que hice fue confirmar que el tal “Arrechón” sí era yo. Primero se acercó una señora y me dijo arrechón, después fue un señor y me llamó de igual manera. Yo no iba a resistir que me volvieran a decir así, ya había tomado la decisión de enfrentar al próximo que se dirigiera a mí con esas palabras.

-¡Juliáncho! –escuché una voz que me llamaba

-Que hubo, parce ¿qué más? –se trataba de un amigo de la universidad. Amigo entre comillas, era uno de esos bobitos que como uno les alza la ceja medio saludándolos ya se creen son súper amigos de la infancia

-Bien, bien, por acá faranduleando un poco ¿y vos?

“Faranduleando un poco” ¡imagínense! Estos serán nuestros futuros dirigentes, personas que van a “farandulear” a un festival como el Petronio Álvarez.

-Nada, vine con otros de la U, por allá esta Cami, Mopi, Marce, Isa, Lucho, Juan Pablo y mechu

-¿Ve, y a vos no es que no te gustaba esto?

-De hecho no me gusta

-¿Entonces qué haces por acá?

-A diferencia de vos, yo no vine a “farandulear”, vine porque tengo que hacer un trabajo sobre esto y por ahí derecho me sacó una croniquita para el blog

-¿Derecho? ¿Derecho donde? ¿Allá donde venden el Arrechón?

- Ah, parce ¿usted también me va a decir Arrechón? ¿Qué le pasa, marica? De vos si no me la voy a dejar montar –le dije en tono aleteado, me dije que no iba a permitir que me volvieran a decir así

-Cálmese, huevón ¿Qué le pasa?

-Hácete el pendejo –le dije con palabras ya subidas de tono- vos estás confabulado con estos negros que desde que llegué no han parado de decirme Arrechón

-No, no, no ¿Cómo se le ocurre? –a pesar de todo mi compañero aun permanecía calmado- lo que pasa es que aquí venden una bebida típica del pacifico que se llama Arrechón, es lo único que se toma en el Petronio. Aquí no vas a conseguir aguardiente ni nada de eso, solo Arrechón, Viche o Tumbacatres.

-Ah, veo. Déjame a ver si entiendo, ¿cuando las oscuritas se acercaban diciendo Arrechón, no era que se estuvieran refiriéndose a mí así, sino que me estaban ofreciendo aquella bebida?

-Exactamente –respondió

-Menos mal me aclaró, parce, yo estaba dispuesto a sacar el Rodrigo Lara que llevo adentro e irme a los golpes con el próximo que me dijera Arrechón

-jajaja no, no, fresco, igual usted no sabía que existía una bebida con ese nombre

-Jamás se me hubiese ocurrido, ese nombre seguro se lo inventó Marbelle –le dije mientras contenía la risa- menos mal no tuve que irme a los golpes: mi mamá solo me dio para irme en MIO –el man no entendió el chascarrillo.

Luego de la aclaración acerca de quién o qué era el dichoso Arrechón ese, me fui a encontrarme de nuevo con mis amigos, quienes desde hacía rato habían ingresado a la plaza.

A mi me tocó pasar por otra exhaustiva y sospechosa requisa –digo sospechosa porque en serio, los requisosos esos tantean muy cerca de las partes nobles y, guiándome por sus caras, no parece molestarle-.

Por fin pude ubicar en qué sitio se encontraban mis amigos y al llegar, lo primero que hice fue sacar mi libreta de apuntes.

-Ay Juli ¿Qué estás haciendo? –Me preguntó una amiga- guarda esa cosa

-¿Cómo se te ocurre, no ves que de aquí quiero sacar una publicación? –Le dije- tengo que apuntar, después se me olvidan las cosas. Por ejemplo: como no destacar la particular forma de bailar de ese negro

-¿Cuál negro?

-Ese de ahí –le señalé con la cumbamba

-A ver, Juli, el 90% de toda la gente que hay aquí es afrodescendiente

-Ese, ese de ahí, el de la camiseta amarilla –vaya contraste- míralo como baila de chistoso. Aunque veni, pensándolo bien ¿Qué tal que no esté bailando? ¿Qué tal que le haya dado un ataque epiléptico? ¡Llamen a una ambulancia!

-Ay Juli, tu sí no –me hizo mala cara y luego sentenció:- vos viniste aquí fue a criticar

-Eh, ni que no me conocieras –traté de defenderme

-¡Por eso es que lo digo!

Luego pasaron algunos minutos, o segundos, u horas, días, no sé, milenios tal vez. Me sentía más perdido que Amando Benedetti dando cátedra de ortografía, definitivamente ese no era mi lugar.

Ustedes dirán: bueno ¿y este idiota entonces a que carajos fue? Déjeme decirles que, primero, el “idiota” sobra; y segundo, que arriba dije que había ido porque en la U me pusieron a escribir una crónica sobre el Petronio; y si no lo dije, si tal vez se me pasó, no es más que otra evidencia de efectivamente si soy idiota y usted, estimado lector, tiene todo el derecho de decirme así por no haberle contextualizado desde el principio.

Pero sigamos, decía que me sentía más perdido que los hijos de Ricky Martin el día de la madre, también decía que ese no era mi lugar. Por un lado, la música no es indispensable en mi vida, que me gusta bailarla en la fiestas, obvio; que pongo Tropicana mientras hago el oficio del hogar, sí; pero si me dan a escoger, me quedo mil veces con los libros, con la televisión o incluso con la radio, pero no oyendo canciones sino escuchando La Luciérnaga.

Se hacía tarde y yo no tenía nada bueno para contar: las graderías no se querían caer, los borrachos no habían llevado las pistolas ese día y no estaban voleándole plomo al aire, y por más que recé para que lloviera nadie salió emparamado, al menos no por una eventual lluvia, porque si de empaparse se trata, más de uno salió envuelto de una baño de sudor impresionante.

Solo me quedaba la esperanza de que El Arrechón le hiciera un rápido efecto a la monita que tenia atrás para que ella se me insinuara y que tales. Pero ni eso.

Desmotivado por las circunstancias me prometí a mí mismo que dos canciones más y me iba. En esas vi que se acercaba una periodista del el País, detrás de ella venia el camarógrafo y el ayudante de este. La periodista tenía una pinta como Andrea Echeverri, pero bonita y no venia hacia mí –como en algún momento ilusamente pensé- sino que siguió derecho, como tres filas más arriba y se puso a entrevistar a un man.

El man era un pelado de cómo de 20 años, de esos que hacen todo lo posible para parecer un chico play, trigueño, medio rechoncho y se notaba a leguas que había ido al Petronio porque estaba de moda «porque el que no vaya es un pato».

El hombre bailaba como si fuera reggaetón. Lo juro. Lo vi con estos ojos que se han de desgastar rápido por mis lecturas nocturnas. El man cogió por detrás a la vieja con la que fue al son de un ritmo que solo él escuchaba en ese momento comenzó a moverse «a la one, a la two, a la one, two, three; a la izquier, a la dere, perrea mami perrea»

A la vieja de El País le pareció graciosísimo y sarcásticamente le dijo que se movía muy bien, que si no le gustaría contestarle unas preguntas. El man le dijo que sí y comenzaron:

-Bueno, cuéntame ¿cómo es el ambiente en el festival Petronio Álvarez?

-Mira, estoy es pura cultura, pura raza, pura cultura, pura raza, pura cultura –decía el hombre, quien de un momento a otro se convirtió en disco rayado, el disco que siempre había bailado durante el Petronio- ¿Qué más te puedo decir? Esto es pura cultura, pura raza, pura cultura, pura raza ¿si me entendes? Pura cultura, pura raza –así siguió durante unos segundos mientras levantaba el pulgar de la mano derecha y evocaba aquella famosa expresión del Pibe hacia la cámara.

Desde la primera vez que repitió «esto es pura cultura, pura raza» la pobre reportera ya había caído en cuenta que esa platica estaba más que perdida. Desde mi ángulo veía la cámara por detrás y no podía ver aquel bombillito rojito, pero me atrevo a apostar que el camarógrafo dejó de filmarlo después de diez segundo de “entrevista”. Ya me imagino al pobre man alardeando con sus amigos del parche porque les hizo una entrevista a los de El País.

Después de presenciar semejante espectáculo me convencí que no aguantaba ni un minuto más por allá. Además, consolándome como para no pensar que la ida había sido en vano, me dije que por lo menos ya tenía algo que contar. Que si bien no me va a salir una crónica académica como la que espera mi profe, por lo menos tendré algo que medianamente les va a gustar a mis lectores ¿o no?

miércoles, 11 de agosto de 2010

Bodies

Confieso que soy un pobre tipejo lleno de prejuicios. Siempre hago un juzgamiento –regularmente de forma negativa- de las cosas sin antes conocerlas. Me pasa con todo: presidentes, compañeros de estudio, profesores, novias, putas (que por lo regular son las mismas), películas, libros, etc. Infinidad de cosas. Es uno de mis cinco mil doscientos setenta y tres defectos de fabrica, en serio no lo hago de aposta, por eso pido que no me juzguen –vaya ironía-.

Hace poco –por ejemplo- mi mamá me trajo un par de bóxers. Unos finos, de los caros. No eran de Herpo, donde los compra mi amigo Camilo José, un guisito que conozco por ahí –no soy elitista, no tengo nada en contra de los que usan calzoncillos comprados en Herpo. Supongo que allá también venden modelos muy bonitos y exclusivos: (¿que-se-yo?) unos bien burdos que en el frente llevan un estampado que dice ‘todo esto es tuyo, garosa’, una vaina así, esos que usaría Marbelle si fuera hombre-.

Decía que mi querida madre me trajo eso, y yo, con lo malagradecido que soy, no fui capaz de detallarlo y de una sentencié que no me habían gustado.

-¿Pero por qué? Si así se están usando –exclamó ella. Y con toda razón, los bóxers eran de un solo tono pero con colores vivos: uno era morado (no el morado emo, sino un morado bacano) y el otro era rojito (no un rojo pasión, sino un rojo escarlatanaranjado), bastantes chuscos la verdad

-No sé, mamá. A mí me gustan negros, azules oscuros, grises… vos sabes que yo soy como más clasicongo

Entonces me dijo que yo por que era así, que por qué le decía no a todo, que yo no había visto las cosas –o probado, en el caso culinario (ojo a las malinterpretaciones)- y ya decía que no me gustaban, que eran feas.

Dos o tres segundos después de que callara, una parte de su melodiosa voz subió hasta mi mente y chocó de lleno contra mi conciencia. Así, y solo así, fue cuando en realidad le presté atención a lo que me decía. Comprendí el sentimiento, lo que no sé ve, lo que le da valor a las palabras. Y me odié, me odié por haberle hecho ese desplante, me odié como solo sé odiarme cuando la defraudo; cuando está en busca de palabras bonitas, de un te quiero, un te amo, y yo le contesto con patanería, con la peor de mis groserías. Cuando quiere un beso, uno fuerte, sonoro y cariñoso; pero si mucho le ofrezco un insípido abrazo. No merece un hijo que no le demuestra lo mucho que la ama, un hijo cobarde, eso es lo que soy, un cobarde que solo es capaz de decirle esto por medio de letras pegadas en una pantalla, sin poder mirarla a los ojos.

-Bueno, si no los quiere… -sin darme cuenta ya me los estaba arrebatando de la mano

-No, no, no, quieta en primera parcera, déjeme los cuquitos sanos. Mire que hoy mismo me los voy a estrenar

-¿Para donde va?

-voy a jugar un torneíto de Póquer

-Ay ¿Cómo así? Yo quería que fuéramos a Boris

-¿Quién es Boris?

-Pues Boris, la vaina esta de los cuerpos disecados

-Huy, ¡tenaz! ¿Cómo van a disecar a don Boris? Dios lo guarde en su gloria

Yo sabía que mi mamá se refería a Bodies, la exposición aquella donde cogieron a una cantidad de chinos y al mejor estilo de los falsos positivos los metieron a un cuarto, les echaron quién-sabe-qué-cosa, los pusieron en varias posiciones y los introdujeron en un sueño del cual nunca despertarán, o al menos eso espero -¿imagínese que uno esté en plena exposición y se mueva un chinito de esos? Yo no sé ustedes pero yo me cago, literal, y en bóxers nuevos…-.

-Vea Julián, vaya y acompañe a mi mamá, Bodies está solo hasta mañana y ella quiere ir –me advirtió mi hermana

Yo acababa de llegar de jugar futbol y ya era de noche, por lo que me tocó bañarme en parpa (par patadas) y vestirme en 6 (o sea en un dos por tres).

Fue una lucha contra reloj, estaba prohibido desaprovechar si quiera medio segundo, como será que para ahorrar tiempo oriné en la ducha y todo –bueno, siempre lo hago, solo que esta vez tenía la adrenalina de la maratón en la que estaba-.

Eso era: abra la llave del chorro, meta el pie izquierdo, meta el derecho, meta la cabeza –la de arriba-, meta las manos, el tronco, el pirulo, ¡mierda! esa agua está muy fría, cierre la llave.

Lo mismo fue con el jabón: enjabone aquí, enjabone allá, que la chucha, que el pirulo –un pirulo bonito, de revista y sin empaque-, que el trasereins, las piernas… todo eso. Y seguí: que vuélvase a enjuagar, que el acondicionador, luego el shampoo, etc –la echada del acondicionador antes del shampoo fue un error de cálculos, pero como estaba de afán no le presté mayor importancia-.

Recuerdo que la noche estaba fría –y oscura-, tanto, que cuando salí del baño me agarró el chiflón. No lo había sentido, se los juro, ni siquiera lo vi llegar. Me agarró por la espalda, luego pasó al pecho y terminó dándome una leve sensación de frío en la bolas –lo que me dio pie para suponer que en realidad se trataba de una chiflona ¿no?-.

Ya a salvo, en mi cuarto, terminé de secarme bien, me puse los ‘yiyos’, las medias y los tenis (imagínense ese cuadro) y me fui pa’l baño a verme en el espejo. El resultado es contundente: los bóxerscitos me quedan bastante coquetos, para que pero si, bien coquetos, déjenme decirles.

Era como las 7:00 p.m. y mi hermana no podía ir a acompañarnos porque ella ya había ido a ver la exposición con mi cuñado, además ese día había traído a la casa -por primera vez en mucho tiempo- a las amigas bonitas de la universidad.

Es en serio, no es que no hubiera traído nunca a las amigas, no: lo que pasa es que siempre llegaba con las más feas. Era (es) un vicio terrible, llegué a pensar que mi hermana solo se juntaba con las menos agraciaditas, que era la Aura María del cuartel de las feas de la escuela de enfermería de la Universidad del Valle.

Yo no sé si no las vi bien o que, quizá no las detallé como debía; en todo caso me quedó la impresión de que una de ellas se merecía al menos una sacadita a bailar, no era así una cosa de locos como para casarse de una, no, pero su rumbeadita si se la puede estar ganando. Digo.

***

-Huy ¿para donde van? –preguntó mi vecina, la chismosa, al ver que íbamos de salida

-Para donde Don Boris –le dije- el que tiene el cuerpo disecado

-Julián, respete. No se burle de mi mamá –gritó mi hermana desde el balcón

Mi madre vio a mi prima y la invitó –se llama Diana, vive en el tercer piso de la casa mía de mi mamá, tiene 19 años y cada que sale a rumbear le piden la cédula porque parece de menos-.

***

Nos bajamos del taxi –no sin antes abrir la puerta- le pagamos al señor, le dijimos que muchas gracias, que le fuera muy bien, que muchos éxitos, que lo llevábamos en el corazón y todo ese tipo de cosas que uno dice cuando se las quiere dar de buena gente.

Al llegar, como todo colombiano, lo primero que hice fue caminar hasta el inicio de la hilera a ver si me encontraba con algún conocido. Como no encontré a nadie, me fui resignado a hacer la fila como dios manda «como dios manda, como dios manda ¿Por qué todo tiene que ser como dios manda? ¿Cuál dios? ¿House?»

El museo La Tertulia queda en el oeste de la ciudad y a diferencia de lo que yo creía, no fue fundado por una vieja tuerta de nombre Tulia. Tampoco sé quien lo hizo, y a decir verdad me tiene sin cuidado, hay cosas más importantes por las cuales preocuparse.

Para comprar las boletas tuvimos que hacer una fila larga, muy larga. Tan larga que mientras la hacía sentí un deja vu: recordé aquellas filas de las finales de futbol –siempre que doy un ejemplo así me da una pena gigante con los hinchas de Millos, espero que no se sientan excluidos, hagan de cuenta que es una como la que hace la gente al momento de reclamar la cédula, algo así-.

De la fila ni hablar, tediosa como siempre: mi mamá se sentó en un murito que había cerca, mi prima y yo nos pusimos a hablar de güevonadas, yo le veía el culo a todas las viejas que pasaban, entre otras… -entre otras quiere decir que no solo les miraba el culo, sino también las tetas, las piernas, la cara, etc-.

Entre tanto mi mamá ubicó con quien conversar, por lo regular son madres de familia. Ellas comparten temas en común: los triunfos de los hijos, lo caro que está el arroz, el desafío, la telenovela de Marbelle, cosas así.

Yo estaba ahí, hablando con mi prima relajado, cuando de pronto me dio por parar oreja y oír de qué tanto hablaban (parar es un decir, quienes me conocen saben que desde chiquito las tengo grandes, y paradas… las orejas), escuché que la señora que estaba junto a mi mamá le explicaba las cuestiones logísticas de la exposición de Bodies.

-¿El museo La Tertulia solo tiene tres plantas? –interrumpí la conversación asombrado, me parecía el colmo que un lugar tan importante para la ciudad solo tuviera tres plantas- deberíamos regalarle una, má, cualquiera de las que tenemos en la terraza

Mi mamá le pidió disculpas, se armó de paciencia y me explicó que la señora se refería a los pisos del museo, que eran solo tres, que la exposición empezaba en el tercero y terminaba el recorrido en el primero, donde también estaba la tienda.

-¿Tienda? ¿Tienda pa’ qué? –pregunté- ¿Venden huesos, músculos para fritar y comer con maduro, fetos, esas cosas?

La señora metió la cucharada y me corrigió, me aclaró que en la tienda venden camisetas, gorras, llaveros, lapiceros, ese tipo de cosas. Yo le hice una cara a mi mamá –como quien dice ‘quiero una camiseta’- y ella gracias a esa conexión que solo madre e hijo desarrollan me entendió con solo verme. Me dijo que sí, que allá adentro me la compraba.

Y así fue, a penas ingresamos salí corriendo hacia la tienda, no me importaba la exposición cono tal, yo quería mi camiseta, nada más.

De hecho nunca me importó la exposición, si hubiera ido con mi hermana hubiese sido diferente, pues la chica es enterada del tema y me pudo haber explicado. Pero uno ahí, solo, sin entender un culo, oyendo a una boba que sabe más de maternidad de gallinas que del cuerpo humano, que de repeso era fea, narizona, sin gracia.

Lo que si me impresionó fueran las huevas –no las que habían contratado de guías, sino las otras, los testículos que llaman-, esas vainas le cuelgan a uno desde muy arriba, es impresionante. Con razón cuando uno se asusta dice que se le subieron las bolas al cuello, pues desde allá prácticamente vienen.

En todo caso quedé muy decepcionando de Bodies, como es posible que en la tienda no vendieran ni un fetico para usarlo uno como llavero. Les faltó más merchandising. Y a decir verdad, para ver huevas prefiero ir a la universidad y burlarme de un par que tengo como compañeros.

PD: El hijo de Yaneth agradece a todos quienes de una u otra forma participaron en el especial de aniversario. A los lectores que perdonen lo poquito, sé que los invitados dejaron el nivel muy alto pero esto es lo que hay. Ojala que les haya gustado si quiera un poquitico. Saludes de doña Yaneth, que los quiere mucho.

sábado, 31 de julio de 2010

Anecdotario de nuestro escribidor

Por Mi Mamá

Tengo tantas cosas que contarles que no sé por dónde empezar. Creo que les gustaría conocer algunas anécdotas del escribidor (como dice mi hijo) de este blog:

Nuestro amado y querido escribidor (porque todas lo amamos y todos lo quieren… por su blog lógicamente… verdad?) cuando nació fue un bebe hermoso (y lo sigue siendo... lo de hermoso) Pesó 8 libras y algo, midió 54 cms. Más blanco que la leche, ahora para quienes lo conocen es negrito… el futbol lo tiene así. Se me olvidaba, fue parto sin dolor... y gracias a Dios hasta ahora no me ha dado dolores de cabeza… exageró cuando escribió lo de 8º. Año. Bueno volviendo al tema, empecemos:

1. Era tan blanco que a su querida madrecita Yaneth, cuando el bebe tenia 4 mesecitos se le ocurrió darle un paseo en coche a pleno sol para que se bronceara un poquito, lo único que logró... adivinen: una insolación. Ya imaginan.

2. Como toda madre cuando su bebe tiene 6 meses quiso darle huevito (de gallina) tibio, como lo recomienda el pediatra, pero mi escribidor no recibía el huevito, hacia todas las caras del mundo menos la carita feliz y obstinada porque mi bebe comiera huevito, le obligué a comer forzándolo… resultado: a mi amado escribidor le dio alergia (se puso rojooo... le salió un brotecito -popularmente salpullido-) conclusión: jamás le volví a ofrecer huevito. Por lo tanto, madres: NO obliguen a sus hijos a comer lo que no quieren... no sabemos las consecuencias.

3. Tenía Julián 2,5 añitos, fuimos a pasar semana santa a Silvia (Cauca)... la tía como sabía que no comía huevo, por molestarlo le ofreció:

Tía: Julián ¿quiere huevo?
Julián: Tiii
Tía: Como lo quiere, frito, revuelto, tibio
Julián: Fitooo

La tía le pasó una cacerola con el huevo frito

Julián: Nooo, ati nooooo
Tía: Entonces ¿cómo lo quiere, revuelto?
Julián: Tiii levuelto

Otra vez la tía le pasa un huevo revuelto

Julián: Nooo ati nooo
Tía: ¿lo quiere, tibio?
Julián: Tiii, tibio

Ya la tía le estaba siguiendo el juego, le pasó uno tibio

Julián: Nooo ati nooo
Tía: No jodas, vos no comes huevo...

Hasta la fecha no sabemos que entendió él por huevo o si por el contrario le estaba MG a la tía... jajaja

4. Estaba en el jardín (entiéndase por colegio… no jardín de rosas), tenía más o menos 3 añitos, el abuelo lo llevaba y lo traía acaballado en sus hombros. Cuando empezaron a hacer trazos en un cuaderno, nuestro escribidor llegaba a casa y sacaba su cuaderno, lápiz, borrador, sacapuntas, etc. (toda la miscelánea que tenia en su maletín) y empezaba a rayar, escribir (según él) Un buen día le pregunta al abuelo:

Julián: Pato (Pacho... así le decimos al abuelo) ¿cómo se escribe oto?

Abuelo: ¿Oto? ¿Un señor que se llama Otto?

Julián: Nooo... otttooo

Abuelo: ¿Otro? ¿Otro señor? ¿Otro carro?

Julián: Nooo... otttooo (ya medio impaciente)

Abuelo: ¿Oto? ¿Un señor llamado Otto? ¿Otro asiento? ¿Otro carro?

Julián: Nooo... Pato... otooo… EL ANIMAL

Abuelo: ahhh... OSO...

Julián: SIII, Pato... OTOOO, EL ANIMALLL...

Jajaja que se hace entender, se hace entender... desde su niñez.

5. Cuenta su abuela que al otro día del Halloween, tal vez tenía Julián 3 años, se encontraba con su hermanita de 7 años (en esa época) y empezaron a distribuirse los confites que les habían dado el 31 de octubre, la hermana repartía uno y uno, uno y uno… cuando se terminaron las golosinas, le dice Julián: venga veo yutetita... y trataba de levantarle el vestido (ella sentada estilo buda, en el piso) Nooo Julián. Él insistía... hasta que ella levanto la falda un poco y debajo tenía encaletadas (escondidas) más golosinas.

Conclusión: nuestro escribidor no se deja meter gato por liebre... jejejeje, es muy observador... NO DICE NADA PERO PONE UN CUIDADOOO!!!

6. Nunca dejó que mi peluquero en ese entonces le cortará el pelo. Tenía 4 años y una vez lo obligué, Norberto –el estilista- medio lo rayo haciéndole los llamados cortes, luego continuo Norberto conmigo. Estaba Norberto en su labor: poniéndome bella, y llega nuestro escribidor, tira a mi peluquero de la manga del pantalón, él lo mira y Julián le dice: Nolbeltooo… ¿CIELTO QUE UTE QUIELE SEL MUJEL? No se imaginan lo que sentí… que vergüenza, me puse pálida, me vi trasquilada o tal vez calva.

Yutetita (como él llamaba a su hermana de 8 años) lo saca del salón y le explica diciéndole que eso no se pregunta. Acto seguido Norberto me dice: LOS NIÑOS SIEMPRE DICEN TODA LA VERDAD.

Me quede muda, aún pienso si fue SU VENGANZA POR OBLIGARLO A QUE SE DEJARA PELUQUEAR DE NORBERTO… Investígalo Vargas... jejeje

7. De 6 años (nuestro escribidor), viajé con él a USA (no es por picármelas de que estuvimos en USA de vacaciones), su hermanita había viajado un mes antes. Llegamos a inmigración del aeropuerto Kennedy (si mal no recuerdo así se llama), fuimos a línea (fila) preferencial por el niño, todos sabemos que en muchos países los niños, adultos mayores, mujeres embarazadas no hacen línea (fila). En nuestra LINDA COLOMBA ya estamos tomando esta cultura.

Continuo: en inmigración me hicieron una serie de preguntas ¿Qué va a hacer en los estados unidos? ¿Piensa trabajar? ¿Cuidar niños? ¿Trae drogas? Etc. Al final me preguntan cuanto tiempo se va a quedar en los Estados Unidos, contesté un mes, el tiempo de mis vacaciones y Julián empinado y sosteniéndose con las manitas dice: Nooo, un año. Sentí un frio que recorrió todo mi cuerpo, me puse pálida (como nos meten tanto miedo cuando decimos que vamos para allá) pensé ahora nos devuelven y no voy a conocer New York, mi ilusión desde niña cuando empezaron a emigrar mis adorados primos

Pero gracias a Dios no pasó a más, seguro el gringo no lo escuchó, de lo contrario, ilusiones frustradas jejejeje. Después entendí que no se hubiese perdido mucho porque el mundo es igual: las mismas calles, casas, carros, almacenes, ropa, sale el sol, la luna, llueve, etc. Aún así me encanta viajar.

8. ¿Recuerdan el terremoto de Armenia en 1999? Tenía Julián 7 años, noticieros van, noticieros vienen, en uno de ellos pasan la imagen de una mujer que sacaban en camilla en ropa interior y dije: Pobrecita, seguro se estaba bañando. Y contesta nuestro escribidor: O HACIENDO EL AMOR. Me quedé perpleja, le contesté, solo atiné a decirle: si papi, es posible.

Nunca jamás me imaginé que mi hijo de 7 años pronunciara esa frase. Ya imaginan que alcances puede tener ahora… cuídense chicas.

9. La cooperativa de trabajadores de la empresa donde laboro. Ayer precisamente cumplí 29 años, no de mi existencia, 29 años de hacer parte de tan prestigiosa empresa, la cual amo, de veras, tengo millones de razones para amarla, lástima que en dos años y medio tendré mi retiro (por pensión) digo lástima porque me encanta lo que hago, me siento a gusto, pero ese será otro tema ¿verdad?

Continuo, la cooperativa cada año organiza las vacaciones recreativas para los niños menores de 15 años. Pues no se imaginan, a nuestro escribidor todos lo recuerdan por juicioso, por respetuoso, por acomedido, por charlatán y, porque organizaba partidos de futbol en los pasillos del famoso Hotel Intercontinental de Cali. Adicionalmente pedían pizza a domicilio en una de las pizzerías de la ciudad ¿Se imaginan ustedes llegando un domicilio al hotel intercontinental de una pizza mediana para 15 tipo una de la mañana? Jajaja… ahora a me rio, pero en su momento que vergüenza, eso fue con llamada de atención y todo por parte de las directivas de la cooperativa.

Al preguntarles por qué no la pedían en el mismo hotel, la respuesta fue ‘porque era muy cara y no nos alcanzaba la plata’… financistas ¿verdad?

Ahora les explico: uno de los programas era pasar una noche en dicho hotel, llegaban tipo 10 a.m. y regresaban el día siguiente tipo 5 p.m.

Uy, esta crónica se extendió… la última para que sean 10 y no se me duerman leyendo y digan que chévere que escriba de nuevo la mamá del hijo de Yaneth… mmm ¿será?

Esta es mundial, algo larguita para explicar al detalle, por eso la dejé de última:

10. Desde el año 1971 -lo recuerdo bien por aquello de los VI Juegos Panamericanos que se celebraron en nuestra ciudad- conocemos una familia que vive a la vuelta de nuestra casa, hoy por hoy nuestra amistad es de aquellas que muy pocas personas tienen la dicha de conservar.

Cuando nació nuestro escribidor, como se les narré al principio, era y sigue siendo hermoso, por lo tanto mis amigas (las de dicha familia) lo llaman MUÑECO. Por hermoso, no solo físicamente, sino por su manera de ser y ver la vida.

No eran las 8 de la mañana y ya estaban ellas en mi casa organizando maleta para llevarlo a su casa, tenía su madrecita (Yaneth) que irse con él para allá, hasta caer la tarde (tipo 7 p.m.), era y sigue siendo la adoración de dicha familia. Tan es así que aún almuerza y come (comida) allá. Este preámbulo para empezar con la anécdota.

No recuerdo cuantos años tenía nuestro escribidor, tal vez 2 años, porque no estaba aún en el jardín infantil al cual ingreso de 2,5 años.

Una mañana se fueron al supermercado (me refiero a mis amigas, Julián prácticamente vivía allí, solo venia a casa cuando yo lo buscaba después de mi trabajo) para hacer la remesa de la semana, quincena o mes, no sé. Se lo llevaron, mercaron, llegaron a casa, bajaron todos los paquetes. Eran más o menos las 10 a.m. y después de media hora se preguntaron ¿donde está muñeco? así le dicen…

Nadie sabía y en ese momento habían como 7 personas adultas en esa casa grande (de las de ahora 40 años, no como las de hoy que tiene que salirse uno para que entre el otro), los buscaban por toda la casa, debajo de las camas, alguien levanto el mantel de la mesa del comedor no: está allí, salieron a la calle, vinieron a mi casa a preguntar por él (solo estaba la señora que me ayudaba, su hermanita en el colegio, yo en la oficina), todo el vecindario lo buscaba.

A la abuela de mis amigas le empezó taquicardia, a la mamá de mis amigas se le subió la presión ¿donde está MUÑECOOO? De lo que si estaban seguras era que había llegado a casa con ellos cuando regresaron del super, estaban todos desesperados. Unos buscando por el barrio, otros atendiendo las abuelas de mis amigas con taquicardia y presión alta.

Después de media hora 45 minutos llegó un tío de mis amigas a casa y le contaron, él dijo hay que llamar a Yaneth, se disponían a llamarme cuando el tío tomó una silla del comedor del espaldar para retirarlo de debajo de la mesa y sentarse. Oh sorpresa, el asiento estaba pesadito. Cuando levantó el mantel y se incorporó un poco… Sorpresa, muñeco estaba allí , acostado a lo largo de dos asientos del comedor con cara de PICARDIA Y RISITA BURLONA.

Se imaginan el muy MALOSO, sabía que estaban desesperados por él y se quedo allí quietecito… concluyan ustedes.

Yo me enteré por la noche cuando llegué de mi trabajo. ¿Se imaginan que me llamen y me digan el niño o muñeco o como fuera, se perdió? por Dios, .no estaría contándoles el cuento… seguro me hubiese INFARTADO.

Queridos amigos, espero les haya gustado el anecdotario de nuestro escribidor, quedaron algunas, pero estas son las que me han impactado.

Le he solicitado a mi hijo que no le cambie nada, asumo los errores de ortografía y redacción, la idea es que él lo lea cuando lo tenga en su blog.

Quiero expresarles mis agradecimientos por ser fieles lectores del blog “EL HIJO DE YANETH”, a todos las personas que atendieron el llamado de mi hijo para la celebración de este primer año, muchas, muchísimas gracias.

A MI HIJO, muchas gracias por ser como eres, una persona transparente, con visión clara de lo que quieres para tu vida… no cambies para mal, cambia para mejorar.

Por último quiero dejarles esta frase para que la pongan en práctica en su diario vivir: Señor, guía mis pasos, orienta mis pensamientos y controla mi lengua.

Un abrazo de OsO para todos y DIOS LOS BENDICE.

La mamá de “EL HIJO DE YANETH”

N. de la R.

El hijo de Yaneth no encuentra adjetivos para calificar este texto. Mil gracias, mamá

viernes, 30 de julio de 2010

Donación de Órganos

Por Yuceth Hernández

Inicio este post citando a una de mis docentes de la universidad que un día sabiamente me dijo lo más difícil de escribir es enfrentarse a una hoja en blanco. Y eso es precisamente lo que me sucede siempre, aun que sepa sobre que escribir, se hace más complejo el asunto cuando no tienes un tema especifico.

Cuando mi adorado hermano me comento sobre el especial de aniversario de su blog y me hizo una invitación poco formal a escribir de cualquier cosa, me puso una tarea difícil, pensé durante 20 días sobre que iba a escribir. Inicialmente me pareció chévere contar sobre como es ser la hermana del hijo de Yaneth, pero me parecía que tenía que escribir sobre muchos aspectos que seguramente las personas que se han dado la oportunidad y tienen la fortuna de conocer al gran personaje que es Julián Darío Hernández Trujillo les sería muy aburrió, así que decidí aprovechar esta oportunidad para escribir sobre algo que me parece realmente importante.

El fin de semana tuve la oportunidad de asistir a un evento muy importante que hace parte de un excelente proyecto de sensibilización sobre la donación de órganos. Cumpliendo con mi labor de cuidar la vida resolví rotundamente escribir sobre este tema que es algo espinoso y mitológico en nuestra sociedad.

Soy profesional de enfermería y a lo largo de mi carrera he percibido que alrededor de este tema existes muchísimas dudas y una de ellas es: ¿Cuál es el objetivo de donar órganos y tejidos? una de las principales razones para donar es poder salvar la vida de 55 personas que se pueden beneficiar de mi cuando yo ya no exista, es por eso que estoy totalmente convencida de querer hacerlo.

En países desarrollados como España, con una tasa de 34 donantes por millón de habitantes, anualmente se realizan miles de trasplantes, logrando que muchas personas se beneficien y tengan una mejor calidad de vida.

En Colombia, por el contrario, gracias a la mala información que día a día inunda en nuestros medios de comunicación, solo hay 9 donantes por millón de habitantes. Mientras tanto hay personas que mueren día a día esperando que la familia de un potencial donante tome la decisión de ayudar.

Hay vida después de la vida. Tengo el orgullo de contarles que soy hija de un hombre trasplantado hace mas de 15 años, gracias a la decisión de una familia que pensó que donando los órganos de su ser querido iba a mejorar la vida de otros, fue de gran ayuda, sin ellos mi papá tal vez no existiría; y si existiera, sin riñones no tendría la calidad de vida que tiene ahora, porque vivir no es solo estar haciendo presencia en este mundo sino saber vivir. Poder ser feliz, independiente, sin ningún tipo de limitaciones.

Espero que muchos de ustedes comprendan lo que significa tomar la decisión y sepan que en nuestro país el manejo de la donación de órganos y tejidos no es un tema improvisado, que existen profesionales en salud entrenados para darle manejo, físico y psicológico en torno a esta sabia decisión y sobre todo que la ley en Colombia lo legisla, lo controla y vigila.

Tome la decisión, hoy es por otros, nunca se sabe cuándo es por usted.

Entérese más sobre este tema en http://www.ins.gov.co/?idcategoria=1228.

N. de la R.

El anterior texto fue escrito en exclusiva para el especial de aniversario de nuestro blog. Lo expuesto en él no compromete la línea editorial de ‘El hijo de Yaneth’.

miércoles, 28 de julio de 2010

Doña Josefa

Por Enrique Guzmán

Son las 11:48 p.m. de mi último sábado de vacaciones; es un día tan pero tan pero tan aburrido que parece un domingo sin futbol, un domingo santo, una vaina así.

No salí y no me importa no haberlo hecho. Mi hermana y mi cuñado se fueron para cine y no me invitaron. No es un reproche, ni los culpo: la mayoría de las veces me llevan, era justo que esta vez salieran solos. Que no se encartaran con su violinista de cabecera.

Por mi parte, y a pesar de todo, me siento estúpidamente feliz. O sea, estoy feliz, muy feliz y no sé por qué. La situación no lo amerita: estoy vaciado, le debo mucha plata a alguien (menos mal me estima porque de ser otro no me imagino que hubiera hecho ya); me queda solo un día de vacaciones, perdió el equipo de mis amores, cada vez tengo menos amigos, cada vez le caigo mal a más gente, me he vuelto más grosero, más sarcástico, más irónico, más mala persona.

No obstante, Lo peor de todo es que eso me hace feliz; no el deber plata, ni que mi equipo pierda; lo otro es lo que me gusta: ser sarcástico, mala persona, no salir, no tener amigos, etc. Eso me hace feliz, estúpidamente feliz –cosa que me alegra, es un buen síntoma, confirma que al menos no soy emo. Sobre todo porque soy crespo y supongo que conocen el chiste acerca del emo crespo-.

Lo único que he comido durante el día es pan. No almorcé porque me levanté tardísimo y en la noche no me había dado hambre, hasta ahora, muy a las 11:50 de la noche, hora en la que probablemente ningún chuzo de comidas rápidas está abierto. Lo único disponible para comer que tengo cerca es pedirle un turnito a Lina –una ex novia puta que vive por aquí- pero hace poco la vi y está bastante gordita, ya no esta tan buena como cuando salía conmigo. Pero esa es una historia que no vale la pena mencionar.

Tengo hambre, mucha hambre y sé que no voy a poder aguantar hasta las 4:00 a.m. –hora en la que regularmente me acuesto-. Voy a la pieza de mi mamá y como quien no quiere la cosa le comento que tengo una pisca de hambre –no sin antes poner mi característica cara de ternero-. Ella vacila un poco, me regaña por no haber comido y me dice que pida algo a lo que ella llama ‘Los Vikingos’

-¿Qué es eso? –Le pregunto- yo conozco los bikini, los veringos, pero ¿Los Vikingos? Ni idea

-Ay, hombre, ahí donde usted pide la lasaña

-¿Dónde? Má ¿Los Vikingos? No, ni idea, de verdad –yo ya sabía a qué sitio se refería, una pizzería por aquí cerca que se llama Bambino’s, pero yo quería recocharla

-Ay, ahí, ahí, donde usted pide la pizza ¿no se acuerda? Que traen domicilios y todo –como la noté un poco brava dejé de joderla y me fui a pedir mi lasañita

-Ah, ya, ya. Bambino’s má, Bambino’s

-Bambino’s… Vikingos… eso es la misma cosa. Pídase una lasaña para usted y una porción de pollo con champiñones para mí

Ahí me fui por el teléfono y llame a pedir lo mío

-Aló –contestó la vieja

-Sí, buenas ¿de dónde me contestan? –pregunté porque se me hizo raro que no contestaran con un ‘Bambino’s Pizza buena noche’

-¿A quién necesita?

-A Bambino’s

-No, don Bambino no vive aquí

-Que pena

Colgué y me quedé pensando ‘¿Qué habrá pasado?’ ‘si yo marqué bien’ ‘Que raro’

-Aló –yo había vuelto a marcar

-¿Bambino’s Pizza?

-¡Que no, hombre! –Me dijo en un tono bastante grosero- Aquí no vive ningún Bambino

- Que pena, señorita –la pobre viejita se lo habría tomado como un cumplido, de pronto, pero en realidad me estaba burlando- ¿en serio eso no es una pizzería?

-¡Que no! –A la pobre ya le iba a dar un patatús- ¿Por qué insiste?

-Pues porque ese es el número al que siempre he llamado –yo también me estaba sulfurando- Vieja setenta hijueputa

Colgó.

-Aló –volví a marcarle

-Perdón ¿de dónde me contestan? –me parecía imposible que hubieran cambiado el numero de teléfono en menos de dos semanas

-¿A dónde está llamando?

-¿Ese es el 332 24 24? –ahí, en ese momento, cuando mencioné en voz alta el numero, caí en cuenta que no era 24 24 sino 22 22

De inmediato colgué y ahí si marqué el teléfono que era: 335 22 22. Pedí lo que tenía que pedir en medio de una fuerte batalla contra mí mismo para no soltar ni una carcajada.

Luego no pude contener la risa, pobre viejita, ella toda inocente y yo insultándola. Aun así no me arrepiento, se lo merece por grosera.

Hace poco no tenía nada que hacer y volví a llamarla, estaba ocupado, y por más que lo intenté no pude comunicarme con doña Josefa –como cariñosamente la apodé-.

Lo único cierto y que yo a esa pizzería llamo muchísimo por domicilios y, conociéndome como me conozco, muy seguramente voy a hundir el dedo mal un par de veces. Quién sabe qué Josefa me contestará…

N. de la R.

El anterior texto fue escrito en exclusiva para el especial de aniversario de ´El hijo de Yaneth´, especial que culmina el sábado con la publicación del texto de la mismísima, famosísima e inigualable Doña Yaneth.

PD: El hijo de Yaneth apoya la causa de la Twitterton, por el momento no estoy en la capacidad de hacer un aporte económico, solo puedo ayudar pidiéndole a mis lectores que ingresen a http://twitterton.blogspot.com/ y se enteren de que se trata (no se aceptan sumas simbólicas).

lunes, 26 de julio de 2010

La década prodigiosa

Por Carolina Ruiz

Tengo 30 años y medio y me encanta, porque gracias a ello mi infancia (no yo) se desarrolló en una década prodigiosa, la de los 80, donde ser 'boleta' no era un pecado sino una bendición. Por eso agradezco a mis papás el no haber aplazado el 'gustico' unos años y haberme traído al mundo un diciembre de 1979.

Lo que soy, lo que no soy y lo que pretendo ser, se lo debo en parte a esa época. Cómo olvidar que gracias a Menudo, al General soy la reina de las coreografías. Que no hay fiesta en la que no suene el Meneíto y salga como loca a encabezar la fila, o salida de 'plancha' en la que no me baile 'Claridad' de Menudo o 'Don Diablo' de Miguel Bosé, eso sin contar esas maravillosas canciones que se quedaron olvidadas en alguna rockola como "ahí va Villa, arriba, arriba Pancho Villa... ohohoho" y que bailaría sin problema alguno.

En mi memoria también están esas noches en las que mis padres me permitían ver televisión hasta tarde y, con un ojo en el pasillo del apartamento y otro en la pantalla, veía El Show de Benny Hill pensando que era lo más atrevido que había. Claro, tiempo después las Hinojosa se encargaron de quitarme la venda de los ojos.

Tampoco podré olvidar la libertad que de niños teníamos. Viví (y lo poco que crecí) en una unidad que tenía en el exterior zonas verdes en las que jugábamos sin temor alguno. Corríamos de un lado a otro, atravesábamos con tranquilidad la cancha para ir a la tienda más lejana a comer sandi (creo que algunos le dicen 'boli') al escondido, pues nuestras madres nos decían que estaba hecho con agua de caño.

Además, hago parte de esa generación de transición que disfrutó jugar con muñecas, escondite, ponchado; que tembló cuando el primer novio se atrevió a besar una mejilla y que tomar la mano del chico era algo así como alcanzar el cielo.

Pero también soy de esos que tuvo acceso a los primeros videojuegos (#yoconfieso que el único que jugué fue Atari 2600 porque mi motricidad fina me impide manejar controles con más de un botón), que usó máquina de escribir para luego pasar al flamante computador y que gracias a eso hoy chapucea en ese mar de tecnología.

No me imagino creciendo en la década de los 90 o en el caótico 2000, donde la timidez está en vía de extinción, donde los cachetes solo se ponen rojos cuando los pintas con rubor, donde el reggaetón es una especie baile maldito que resultó peor que nuestro baile prohibido (La Lambada que llegó, pegó y se fue).

Digo orgullosa que gracias a Los Cariñositos, Los Pitufos, Jem, Nubeluz, La Abeja Maya, El Capitán América y muchos más, aun conservo cierta ingenuidad, cierta ilusión que me hace buscar siempre ese lado bueno que hasta villanos como Gárgamel tenían, así estuviera bien escondido.

Por eso, como escribí arriba, lo que soy se lo debo en parte a esa década prodigiosa. Así que cualquier reclamo, piropo o sugerencia #laculpaesdelos80.

N. de la R.

El anterior texto fue escrito en exclusiva para el especial de aniversario de nuestro blog. Lo expuesto en él no compromete la línea editorial de ‘El hijo de Yaneth’.

sábado, 24 de julio de 2010

La imprudencia del látex

Por Diego Romero

Siempre fui obligado a vivir como un niño más grande de lo que mi edad indicaba, primero, porque era más alto que todos los niños contemporáneos, y segundo, porque fui hermano y primo de la mitad y yo no me iba a “mariquear” con primos menores, no señor, yo me juntaba con los grandes, los que fumaban (así solo les prendiera sus cigarrillos), los que jugaban parqués con aguardiente hasta la madrugada (así no tomara, ni entendiera cómo soplar en el juego), los que hablaban de “la paja” y de las musas que inspiraban el acto (así pensara que la paja picaba mucho); así no entendiera, yo debía estar ahí.

Gracias a esta personalidad de niño grande, el día que a mi hermano mayor le hablaron sobre sexo, yo estuve allí a la edad de 6 años y fue nuestra madre, Doña Luisa, quien se apoderó del tema con gran madurez, a pesar de que actualmente escuche las palabras “clítoris”, “teta”, “pene”, “Kamasutra” y “sesenta y nueve” y suelte una carcajada nerviosa.

Creo que a ella nunca le enseñaron sobre sexo tal y como ella nos enseñó a mi hermano y a mí:

– Felipe, Diego, esto es un condón y sirve para prevenir embarazos no deseados y para evitar enfermedades mortales –dijo una nerviosa madre.

Así empezó la demostración, mientras Doña Luisa rompía uno de los cientos de empaques dorados que mi papá guardaba en el cajón de su escritorio y que, hasta ese día, tenía entendido que eran chicles –chicles que a él no le gustaba compartir con sus hijos, motivo por el cual no solo sentí mucha ira, sino que casi a diario buscaba la forma de encontrar la llave del cajón para sacar un preciado dulce–. Tocamos el látex, tratamos de entender su forma y función, sonreíamos de curiosidad mientras Doña Luisa sonrojada decía:

–No les dé pena por un condón, es algo muy común e indispensable en toda relación, cuando dos personas se quieren lo usan regularmente.

Nosotros no sentíamos pena, sentíamos curiosidad, no entendíamos su funcionalidad, lo que sí entendimos era que si mi papá y mi mamá lo usaban debía ser bueno. Mi mamá miraba el condón y seguía sin parar su discurso:

– Hijos, su vida estará llena de tentaciones, las cuales serán mucho menos peligrosas con un condón.

Es decir, caigan en la tentación, pero caigan de pie.

Luego de diez minutos de manoseo y discurso mi hermano mayor interrumpió al decir

– Ya, ya no más, ya entendimos que sin este caucho no podemos vivir, pero ¿en qué dedo lo usamos?

Ante la pregunta, mi mamá soltó su característica risa de bruja y respondió:

–Negrito, eso se usa en el pene.

Yo interpelé:

– ¿El pene es el mejor amigo de las chicas? Eso dice mi abuelito Julio.

– Este… sí… mmm… no, –respondió rápidamente Doña Luisa– el pene es lo que ustedes llaman “pituche”. El pipí, pues.

– Ahhhhh, así sí, dijo mi hermano.

Obviamente, lo primero que hice fue medirme por encima del pantalón el condón, luego hice el mismo acto con mi hermano, que no podía hablar de la risa y que cuando tuvo aliento le dijo a Doña Luisa:

–Mamá, para qué nos muestra este “rondón”, si no nos queda bueno.

****

Mi madre nunca supo, a pesar de las mil insistencias nuestras, responder por qué había intentado enseñarnos sobre sexo siendo tan pequeños. Creo que su deseo por educar y ser una buena madre pudo más que la lógica que dictaba nuestra comprensión. Ese mismo día, como usualmente hacíamos, fuimos con mi hermano y mi mamá a comprar arepas de maíz sin pelar con queso costeño al Carulla de Pablo VI, yo compré mi acostumbrado cómic y mi hermano su acostumbrado chocolate de 12 piezas, y al momento de pagar mi madre sacó un billete de 500 pesos que estaba rodeado por un extraño objeto de color blanco. La cajera y el señor que empacó lo comprado miraron a mi madre desconcertados, mientras ella, ruborizada, soltó la carcajada más extraña que alguita vez le escuché y yo inmediatamente le dije a la cajera:

–Señora: no tiene por que sentirse mal, eso es un condón y se utiliza en las relaciones de amor, pues con ese aparato que huele a bolsa vieja a usted no le transmiten a un bebé. ¿Cierto mami que eso es necesario? Mi papá tiene un montón en el escritorio, aunque se le han ido acabando, es que mis papitos se quieren mucho. Desde que usted respete, lo demás es el condón. Mami ¿por qué no le regalamos ese a la señora? De pronto le sirve. Señora: ¿Usted tiene novio? ¿Usan condones?

Desde ese día he sido el imprudente de la familia.

N. de la R.

El anterior texto fue escrito en exclusiva para el especial de aniversario de nuestro blog. Lo expuesto en él no compromete la línea editorial de ‘El hijo de Yaneth’.

viernes, 23 de julio de 2010

Coincidencias desafortunadas

Por Paula Andrea Calderón

Hay un corredor blanco, estoy corriendo completamente desnuda y cubierta en sangre. Ese hombre me persigue pidiéndome que regrese, que le entregue todo lo que ellos necesitan…

Como siempre, Lorenzo, el enfermero del piso me despierta, estoy teniendo una de mis acostumbradas pesadillas, esas que hace mucho tiempo no me dejan dormir, si hubiera sabido que todo iba a terminar tan mal no lo habría ni intentado.

Soy Lorena, una vez más, estoy en el baño de Mistif, la disco del momento, dándome un “pase” para poder sobrellevar otra perra noche, mis amigos me esperan afuera, no quiero salir; estoy aburrida de andar con los mismos fantoches de siempre, los amigos de la U y los hijos de los amigos de mi papá, todos “niños bien”, pero en verdad son seres despreciables.

Entró Adriana, la hija de doña Susana, costurera de barrio, esta desesperada por que no encuentra droga, el hombre que le pagó esta noche para estar con ella, no le quiere facilitar la “dosis” y ella sabe que sin ésta no logrará continuar con su trabajo; es bien pago, pero apenas esta empezando. Roberto, un hombre involucrado en la trata de “blancas”, le pagó sus “teticas”, y esto le dá más prestigio en el medio de las prepago.

Lady, la pelada que limpia el vomito de una vieja que entro antes, está aburrida de recoger los regueros que dejan los borrachos todas las noches, el vomito de las borrachas, la mala puntería de los hombres en los orinales, el asqueroso ambiente que se respira en esos desagradables baños de disco, pero al ésta ser disco de la “high”, no pueden dejar que en ningún momento se vean mal, ese, es el trabajo de ella, una chica que al quedar huérfana se vio obligada a trabajar en lo primero que le ofrecieran, Don Eloy, el dueño de la disco, fue lo único que le pudo dar.

Allí estamos las tres en ese baño, cada una viviendo su desgracia. Me acerco a Adriana, no sé por que, pero algo en ella me atrae, le ofrezco un poco de coca. Lady se acerca a ver que pasa, me ayuda a levantar a Adriana del piso y nos lleva a un sitio donde ella tiene acceso, detrás de la disco, para que las tres podamos tomar un poco de aire fresco.

Ya un poco recuperadas aparece Gabriel, uno de mis amigos, esta hablando por celular. Tratando de escuchar que está diciendo, me doy cuenta que se le daño un negocio y necesita una vieja para que le ayude, -ese cliente esta perfecto y tiene buen material, pero sin la vieja no se puede hacer nada-.

Adriana también esta escuchando, cuando Gabriel cuelga ella se acerca a hablar con él. Un poco precavido, Gabriel me pregunta si yo la conozco, le digo que si. Él la mira fijamente y comenta que es perfecta para el trabajo, pero que igual necesita apoyo, por lo menos otras dos mujeres. Lady y yo nos ofrecemos a colaborar. Yo siempre supe que Gabriel estaba envuelto en ese negocio, de allí había conseguido toda la plata con la que le construyo una casa a su mamá y con la que invitaba a todos a rumbear, además que estas salidas le ayudaban a buscar futuros "donantes”. Camilo, la actual víctima era un tipo de unos 35 años, muy deportivo, sano, estaba celebrando su despedida de soltero con unos amigos en Mistif. Gabriel ya tenía las viejas para el trabajo, pero ellas habían tenido un inconveniente y no podían llegar a tiempo. Las tres estuvimos de acuerdo en hacer el trabajo. Lady se iba a poner una ropa que tenía guardada, Adriana iba para donde Camilo y yo estaba preparando mi carro para irnos. Luego de una media hora, Lady y yo llegamos a la mesa donde estaba Adriana con Camilo, ya había mucha confianza entre ellos, Adriana nos presentó como si nosotras fuéramos pareja. Camilo puso cara de hambre, claro, Adriana le había propuesto que tenia dos amiguitas y estaban por llegar, además, tenían ganas de juguetear esta noche. Los 4 nos dirigimos al carro, arrancamos. Gabriel ya nos tenía lista una casa cerca de la disco donde estaba todo preparado; un cuarto con todo para que empezáramos a seducir a Camilo, una copa con licor con algo que le habían agregado para que la victima quedara dormida. En un baño cercano, había una tina llena de hielo dispuesta a recibir a Camilo después de la “operación”. En otro cuarto estaba el médico, el duro. Nunca nos revelaron quien era el man, si alguna llegaba a verlo no viviría para contar el cuento. Todo iba muy bien, Lady y yo estábamos besándonos, Adriana le pasó la copa a Camilo, el olio la copa. No sabemos como el sintió un olor extraño en la copa, ese olor. Grito, dijo que esto ya lo había escuchado, un amigo lo habían cogido unas viejas, lo habían drogado y luego se había despertado en una tina llena de hielo, sin riñones. Empezó a gritar, Adriana se tiro encima de él, Lady saco un revolver de algún lado y le apunto. Ella me miro asustada, las dos nos habíamos dado cuenta que no había balas, si ese man se daba cuenta las podía matar a las tres. Camilo empezó a gritar que no lo mataran, que lo dejaran ir, que tenia una niña de 8 años. Allí recordé el día que iban a robar a mi papá, cuando el gritaba al frente mió, “no me maten ella es mi hija”, yo por dentro quería gritar que lo mataran, si era necesario, yo mismo lo mataba y a mi mama también, ese desgraciado me violaba desde los 6 años y mi madre nunca dijo nada por miedo a quedarse sin plata. Cuando volví a la escena, vi a Camilo y me imagine a mi padre, cogí un candelabro de metal que había al lado mió, le partí el cráneo, le pegue hasta que sus sesos salpicaron en mis zapatos. Adriana y Lady se asustaron un poco, pero luego entro Gabriel, preguntando que había pasado, lo único que atino a decir al ver aquella escena fue: -Carguen rápido a este marica antes de que se nos dañe el resto, yo me hago cargo del cuerpo, váyanse que yo las contacto después para lo de la plata-. Salimos las tres, Adriana tomo un taxi y yo lleve a Lady a su casa.

Salieron varios trabajos, Gabriel nos pagaba muy bien. Adriana ya no se estaba prostituyendo, en cambio, ya tenia 4 niñas que hacían el trabajo, ella solo trabaja con Lady y conmigo, además de cobrarle comisión a sus niñas. Lady estaba empezando el proyecto de su propia disco, estaba quedando muy bonita. Yo ya había logrado irme de mi casa, me acababa de graduar y ya estaba trabajando en mi primera película. Todo pintaba muy bien en el negocio que habíamos iniciado las tres, una que otra vez hubo inconvenientes con las victimas y yo era la encargada de “aplastarles la cabeza” disfrutaba cada golpe, me desahogaba pensando en mi padre.

Un día Gabriel nos llamo, había un negocio bueno y fácil. Dos pelados flaquitos, feito y con cara de nada, lo habían llamado para que les consiguieran un trío de peladas que le hicieran un show. Eran las victimas perfectas para tres profesionales como nosotras.

Adriana, Lady y yo llegamos a la casa donde nos habían citado a todos. Estábamos listas para entrar en acción, cuando uno de ellos, sin darnos cuenta le disparo a Lady en la cabeza, luego grito: -Quietas par de hijueputas que ustedes son las próximas, ¡necesitamos lo suyo!-

Se llevaron a Lady, todo lo tenían que hacer muy rápido. Ellos nos desnudaron, nos tocaban, estaban apunto de violarnos. Entro Gabriel, les dijo que ya habían terminado con Lady, que pasaran a la que seguía. Ellos se acercaron a Adriana, ella forcejeo y uno de ellos saco una navaja, le corto el cuello. Quede totalmente cubierta con la sangre de Adriana. Se la llevaron, yo era la próxima, no sabia que hacer. En un descuido de ellos logre salir por la puerta, ellos empezaron a correr detrás de mi, no podía entender lo que decían. Encontré una puerta entreabierta, la empuje y fue horrible lo que vi. Pedazos de Lady estaban tirados a un lado listos para ser empacados. Adriana en la mesa de operación improvisada con el vientre y el pecho totalmente abierto y mi papá con el corazón de Adriana en la mano.

Luego de eso no supe nada mas, solo que me falta un riñón y estoy encerrada en este manicomio, nadie me cree, dicen que sufro de bipolaridad y que nada de lo que digo es cierto.

N. de la R.

El anterior texto fue escrito en exclusiva para el especial de aniversario de nuestro blog. Lo expuesto en él no compromete la línea editorial de ‘El hijo de Yaneth’.

miércoles, 21 de julio de 2010

Suit Drims

By Gonsalo Balderrama Moonera

Me gusta tener pesadillas. Sé que no es una característica muy común; pero también sé que no soy el único que la posee. Me gusta porque están llenas de imaginación, efectos especiales, tramas dignas de thriller, acción y aventura. Los sueños (los bonitos), en cambio, sólo contienen edulcoración y surrealismo rococó… y, para rematar, queda uno con la sensación absurda de que podrían tener “significado”.

Una de las tantas frases agudas del comediante estadounidense George Carlin dice “¡Qué aburrido es oír a alguien contándonos un sueño!”… y sí. En cambio, cuando alguien nos cuenta una pesadilla o se la contamos a otro, el escalofrío, la angustia, el desespero y el padecer ajenos se retransmiten de mente a mente.

Porque la pesadilla tiene ese elemento primigenio de los miedos básicos y fundamentales del ser humano: la muerte, el hambre, la desnudez, la soledad, la pobreza, el abandono, Jota Mario presidente, la desposesión. Lo horripilante de las pesadillas no suele ser estética, sino el hecho de sentir tan palpables los fantasmas internos, causados por un rayón vital… o por una bandeja paisa con jugo de guanábana, ingeridos quince minutos entes de echarse a dormir.

Pesadilla… ¡Vaya oxímoron físico! Pesada, pero leve, como una toneladilla, como un Led Zepellin. Pesadilla: nightmare, en inglés; que, traducido literalmente, significa “yegua nocturna”. Debe ser porque, cuando la padeces es como si un caballo hembra se te parara en el pecho; o como si cabalgaras al reino de Nuncajamás, a pelo, sin riendas, siendo víctima del lado oscuro de tu inconsciencia.

Lo peor/mejor de las pesadillas es precisamente eso: que se trata de nuestra propia imaginación, jugándonosla. Nadie más que nosotros mismos aporta los elementos macabros-delirantes que puede haber en ellas...

Pero, a la larga, con el paso de los siglos, el inconsciente colectivo ha ido creando diversos clichés y lugares comunes que estandarizan la pesadilla promedio…

La persecución: algo siempre tiene que estar tras nosotros; algo amenazante, feo o sencillamente antipático. La persecución incluye un elemento infaltable: la huída imposibilitada, en la cual las piernas no dan, ya sea porque algo pegajoso nos adhiere al suelo; porque nuestros movimientos los maneja un editor perverso que nos hace desplazar en slow-motion; o sencillamente porque el suelo está inclinado 45º, y por más que estiremos las patas, el avance es mínimo… y el monstruo asesino, ahí, respirándonos en la nuca. En mi caso, es recurrente el esquema de la puta puerta que no se cierra, a pesar de mis múltiples intentos. Algo suele pasar con la cerradura, que impide estar a salvo. Hipnos es malo para la cerrajería. Por lo tanto, me veo obligado a forcejear con la cosa persecutora. Las pesadillas se la llevan con la seguridad hogareña.

La muerte: o nos matan, o matamos, o presenciamos a alguien muriendo o siendo cadáver. Según los sueñólogos, la muerte soñada refleja la posibilidad futura de un cambio extremo (no necesariamente estético); pero ¿por qué siempre tan fea? Pues porque nuestra consciencia está siempre cochina; y no puede evitar darnos su cara más honesta. Son populares el balazo, el ahogo o la lapidación con berenjenas.

La suciedad: las locaciones donde se desarrollan estas escenas cinematográficas (porque en eso se convirtieron las pesadillas, luego de que el cine fue inventado/contemplado por la humanidad) por lo general se rodean de mucha mugre, desperdicios, agua de cloaca, lluvia estancada, heces, orina, vómito, sangre y telarañas. El director de arte del departamento onírico gusta de la antiestética… ¡Lo veré arreglando la escena para la siguiente toma!

La academia: este sector, aunque, para algunos, no sea pesadillesco, para todos los demás, que sufrimos, en la adolescencia y juventud, con tareas y exámenes del Infierno, años después, replicamos en nuestros sesos aquel padecimiento gratuito… y protagonizamos la peor de todas las pesadillas: que estamos de regreso en el colegio, y nos enteramos de que hay que hacer una tarea de la que no teníamos ni idea… o que hay que presentar un examen de una materia a la que nunca asistimos… ¿Por qué, cerebro, por qué?

Animales bravos: perros, marranos, culebras, tarántulas, mandriles, pulgas ebrias… De todo hay en la viña del Señor de los sueños. Nos atacan porque sí; y son bocatto di cardinale para psicoanalistas, que insisten en que se trata de símbolos de las ganas de tirar tan tremendas que reprimimos en la vida cotidiana. Si eso es así, ¿las pesadillas de Nacho Vidal son con pollitos?

Desnudez: Usted sale a la calle y, porque sí, resulta que desaparecen pantalones/falda y calzoncillos/cucos; pero le toca permanecer en público. No hay manera de ocultar la genitalidad; y, si usted es hombre, puede incluir erección involuntaria. En el mejor de los casos, Hipnos le da licencia para taparse las güevitas. Lo peor/mejor de todo es que ¡a nadie parece importarle!... ¡Hipócritas!

Por encima de todo, lo bueno de las pesadillas es que, de todos modos, hay alivio real cuando de ellas te despiertas. En cambio, cuando despiertas de un excelente sueño…

N. of the R.

El previous text fue gruiten exclusively para the anniversaseishon of our blog. What is written dasen reflect the Yaneth’s son editorial thoughts.

lunes, 19 de julio de 2010

Don Apolo

Por Andrés Meza Escallón
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http://twitter.com/ApoloDuvalis

- Ella: Vamos a pagar a la caja
- Yo: listo.
- Ella: Buenos días.
- Cajera: Buenos días señora. Son $12.000. ¿Le empaco todo en la misma bolsa?
- Ella: Sí, gracias. Hasta luego.
- Yo: Buenos días.
- Cajera: Buenos días joven. Son $5.000.
- Yo: Gracias, hasta luego.

La escena se repite una y otra vez durante años en restaurantes, supermercados, almacenes de cadena y puntos afiliados a la red multicolor. La constante: a ella, mi novia de ese entonces, siempre le decían “señora” cuando a mí (que no siempre era evidente que iba con ella sino que pasaba por cualquier otro cliente haciendo fila) siempre me decían “joven”. Y claro, yo me burlaba porque tenemos la misma edad. De hecho soy seis meses mayor que ella.

La verdad no me extrañaba. Desde niño siempre tuve cierta afinidad con la gente mayor que yo. De hecho las únicas mujeres a las que yo les gustaba eran mayores que yo. El hecho es que me acostumbré a ser considerado el joven de los parches hasta que empezamos a salir con los amigos de mi novia y sus hermanas, que eran más o menos de nuestra misma edad.

Cuando terminamos, gradualmente dejé de frecuentar el parche de mi ex y ahora es un milagro enterarme de su vida por el carelibro cuando se casan o tienen un bebé. Los amigos de mi edad emigraron todos a estudiar al exterior y tal vez no vuelvan. Y me encontré con que mis amigos y amigas mayores ya estaban casados y con hijos, o sea que sólo tienen vida social con otras parejas casadas y ojalá con hijos.

Así que sólo me quedaban algunos amigos menores que yo. Evidentemente, entre ellos rara vez era conocido por mi nombre sino por apodos como “el anciano”, “Profesor Farnsworth” o “el hombre bicentenario”. Y por el lado de las niñas era todavía peor: aparentemente hay una ley todavía no conocida por la Física que indica que todas las solteras de Cali son menores de 24 años, así que parezco condenado a que me miren cual viejo verde cuando piso TinTinDeo o un teatro.

Hasta que llegó twitter. Obviamente el promedio de edad de los trinadores caleños difícilmente supera los 28 años, pero al menos para salir ya no dependo de la gente de mi edad (que una vez llegan a la casa de trabajar ya no los sacan si no es con un reb-bull y una orden de la Fiscalía). De hecho, dependo de @ranaberden y @vik407 para sentir que estoy con gente de mi edad, ocasiones de regocijo en las que me invaden lágrimas de felicidad.

Y claro, tenía que pasar. En alguna reunión de trinadores me encontré con Julián (el hijo de doña Yaneth), quien parece ser el profeta de una nueva era en la que ya no volveré a ser conocido como “joven” sino como “Don Apolo”. Ahora me siento como el propietario de un chuzo de comida abierto las 24 horas o la cara visible de un negocio de strip tease.

N. de la R.

El anterior texto fue escrito en exclusiva para el especial de aniversario de nuestro blog. Lo expuesto en él no compromete la línea editorial de ‘El hijo de Yaneth’.

viernes, 16 de julio de 2010

Toma la iniciativa

Por Karen Abello

No sé si tiene que ver con la crianza que recibí o lo protegida que siempre he estado por mi papá que, aunque suene un poco machista de mi parte, generalmente he pensado que para iniciar una relación o un coqueteo, el hombre debe ser quien dé el primer paso; sin embargo, hace muchos años me decidí a “insinuarle” a alguien que me atraía, recibiendo sólo una gran carcajada por respuesta (no es literal, pero así lo sentí).

Lo anterior, me permitió confirmar mi hipótesis de que nosotras nunca debemos decir nada de lo que sentimos hasta ver un ligero “bien pueda” por parte del susodicho… ¿me equivoco? Seguro más de uno me va a decir que sí, pero es algo que tiene mucho que ver con cómo te sientes y lo que los hombres nos proyectan.

Hoy, después de varios años siguiendo al pie de la letra esa ridícula hipótesis “confirmada” por mí cuando aún era una adolescente, y de darme cuenta, con la experiencia que puedo tener, de que no es cierta, creo que es hora de volverlo a intentar y tomar la iniciativa.

¿Por qué lo digo? Hay varias razones:

1. No tiene nada de malo que una mujer diga lo que siente. Nosotras también queremos, también nos antojamos, también sentimos deseos, no somos de palo y los hombres no son los únicos con derecho a llevar las riendas de algo.

2. Cuando esperas tanto, a veces lo que haces es alejar. Si ellos no se deciden es posible que la razón sea porque nosotras mandamos señales equivocadas y lo que hacen es entender todo lo contrario a lo que queremos. Recuerdo que alguien por quien moría una vez me dijo que nos cuadráramos y yo hecha la “inteligente”, lo único que hice fue nunca responder y hacer caso omiso a su propuesta. ¡Ja! más arrepentida para dónde. Se alejó y poco tiempo después encontró en otra lo que yo no le di L

3. Siento que a ellos también les gusta ser conquistados. Un almuerzo preparado por nosotras, una que otra palabra bonita, quizá un chocolate o cualquier cosa que se nos ocurra que les puede gustar, los hacen que, por lo menos, se tomen unos minutos del día pensando en nosotras. Que levante la mano el caballero que opine lo contrario.

En resumen, lo más importante aquí es tomar la decisión de hacerlo, tener seguridad en nosotras mismas, en lo que queremos, en eso que perseguimos. Decirle a alguien lo que sentimos no tiene porqué significar que somos unas lanzadas (aunque no falta, no falta). Es cuestión de estilos.

A lo mejor no lo vaya a hacer ya, a lo mejor sólo siga mandando señales de humo o tweets al aire (que viene siendo lo mismo) para que #aquiencorresponda, en algún momento, entienda que hablo con él, pero, por lo menos, ya me di cuenta de que no necesito que me digan algo tan directamente como para entender que hay un chance y que lo único que necesito es quererlo. #Hedicho.

N. de la R.

El anterior texto fue escrito en exclusiva para el especial de aniversario de nuestro blog. Lo expuesto en él no compromete la línea editorial de ‘El hijo de Yaneth’.

martes, 13 de julio de 2010

Los medios, si el Mundial fuera en Colombia

Por Víctor Solano
http://www.victorsolano.com/
@solano en Twitter

Seguramente ya se han escrito muchas parodias sobre lo que pasaría si el mundial de fútbol se hiciera en Colombia. Yo, a manera de divertimento, chapucearé algunas ideas deshilvanadas de ‘Si el Mundial se hiciera en Colombia’ y tuviésemos que sufrir a nuestros amados medios de comunicación.

Si el Mundial se hiciera en Colombia:

· William Vinasco Ch. sería el locutor oficial de todo lo no deportivo del evento. Ej. Sería la voz oficial de las paradas de los sistemas de transporte masivo, de la voz oficial de las aerolíneas cuando el avión toque suelo en tierras colombianas… “Atención Colooooooooooooooombia. Hemos aterrizado, vendido sea el piso sacrosanto que nos vio nacer en esta tieeeeeeeeerra colombiana, qué bien cómo el piloto se lució en un planchazo inmortal… Graciaaaaaaaaaas por volar por Avianca… Si van a tomar el taxi avisen a sus familias: “No me espeeeeren en la casa”…

· A falta de un pulpo como Paul, una hicotea en peligro de extinción mordería unos dados para echar la suerte de los partidos. Un día después estaría servido en un ceviche callejero en la ciudad sede del Grupo B.

· Otra opción: El gobierno colombiano, para no desentonar con las predicciones del pulpo Paul, haría una licitación en invitación cerrada para asignar una mascota que pronostique los resultados. Las regiones enviarán sus candidatos, pero al final ganará un puerco disfrazado de gacela como parte de la propuesta del Grupo Nule.

· Las delegaciones extranjeras no podrían concentrarse tranquilamente porque tendrían que ir por la mañana a Día a Día o, peor aún, a una cita con JotaMario y por la noche con José Gabriel.

· A la hora de las entrevistas en las ruedas de prensa, Laura Acuña no dejaría hablar a los técnicos y Adriana Tono les preguntaría qué tal les parece como ella canta.

· Vicky Dávila inauguraría una sección llamada ‘La Cosa Futbolística’ en la que intentaría de una vez por todas arrebatarle el cetro a Shakira en eso de las caderas ¡MoviendosÉ!

· Carlos Antonio Vélez propugnaría por la sencillez dialecto-sintáctica-interpretativa-decimonónica del lenguaje deportivo.

· Las encuestas de Nielsen, Ipsos, Napoleón Franco, Gallup y las otras 50 de Colombia darían a #AsiesRicardoJorge como el mejor corresponsal deportivo de la historia, habilitado para los servicios internacionales.

· JJ Rendón será contratado nuevamente, pero como comentarista de RCN para hacer cábalas y como asesor en rumorología por parte de la Federación Colombiana de Fútbol … “Se rumora que en Brasil tienen a un extraterrestre ninja mutante zombie caníbal que se quiere almorzar a los jugadores de Colombia cuando estén en el túnel para salir a la cancha. Para evitar ese problema, es mejor que a Colombia le den de una los 3 puntos de ese partido”…

· Ingrid Betancourt, desde una playa en las islas Seychelles, anunciará en una entrevista de la tv francesa que demandará al Estado colombiano por USD7 millones de indemnización por no poder asistir al Mundial de Colombia y que por esa razón tendrá que verlo desde el paraíso.

· Para la ceremonia inaugural, Jorge Celedón cantará Qué bonita es esta vida, la mejor canción colombiana (que es mexicana) y Shakira cantará ‘Guasca-Guasca’ (que en su momento ya habrá sido plagiada a Los Carrangueros de Ráquira).

· El periodismo deportivo en especial estará de plácemes porque uno de los suyos será Ministro de Relaciones Exteriores: El Ex embajador Édgar Perea, quien haciendo acopio de todos sus argumentos de elegancia diplomática y buen gusto a la hora de vestir, le pediría a los primeros mandatarios asistentes al evento, que lucieran unas camisas diseñadas por él con flores, cuadros, rayas y arabescos eróticos.

· Piedad Córdoba anunciaría que se producirían nuevas liberaciones pero que la única condición que ponen los pacíficos y desinteresados monjes de las Farc es que sea en dos días: En el partido día de la inauguración, un helicóptero descendería en la mitad de El Campín y de allí descendería Piedad con uno de los liberados (podría ser en el minutos 5’ del primer tiempo; y otro liberado en el partido final.

· Ahhhh, otra condición chiquita: Que la transmisión y producción de esos dos partidos y finos y discretos ágapes mediáticos se le encomienden a TeleSUR.

Pero cabe la esperanza de que nos libremos de este oso pardo intergaláctico. Por segunda vez,como antes de tirar la toalla cuando nos asignaron hacer el Mundial de Colombia86, un comité de sabios diría que con la plata para hacer un Mundial podría invertirse en hospitales, escuelas y otras necesidades básicas…

Al final, de todas formas, este país sin memoria, asignará los recursos de tres mundiales para ponerle un domo a Bogotá, pavimentar el río Magdalena para tener una autopista “bien verraca” o para el alcantarillado de Barranquilla… El ganador de ese mundial será el Nulegate y el Contralor será el Doctor Olano.

Pregunta al aire: ¿Qué otras perlas tendríamos en los medios si el Mundial se hiciera en Colombia?

N. de la R.

El anterior texto fue escrito en exclusiva para el especial de aniversario de nuestro blog. Lo expuesto en él no compromete la línea editorial de ‘El hijo de Yaneth’.

lunes, 12 de julio de 2010

Se le murió la madrecita

Por Omar Gamboa

Empiezo agradeciendo a Julián por su invitación a participar en el primer aniversario de su blog. Son pocos los blogueros que tienen la constancia para mantenerse y escribir con la debida frecuencia. Doy fe de eso, que hacía rato no escribía en el mío. Aprovecho también para felicitarlo y desearle otro año bloguero lleno de éxitos. Que siga escribiendo y publicando, incluso en medios escritos, algo que yo no he logrado. Cochina envidia. Bueno, entremos en materia.

Hace unos días tuvimos una charla en la oficina sobre aquella idea de que las cosas son buenas o malas dependiendo de cómo lo veamos -personalmente creo que es cierto, he posteado varias veces al respecto-. En la charla mi jefe -él es quien nos hablaba de esto- nos decía que no sabemos cuál es la realidad de la gente y el por qué reacciona de alguna manera en particular. A veces uno llega de mal genio a la oficina por alguna razón, por algún trancón, porque un taxista -hijo de Dios- se atravesó o alguna otra cosa de esas que nuuuuuunca pasan. O no somos nosotros sino alguno de nuestros compañeros el que llega de malas pulgas. Vamos, le pedimos un favor y el personaje este nos responde con tres piedras en la mano. Yo sé, dan ganas de coger la engrapadora y ponerle unos tres ganchos en la cara, pero cada quién tiene derecho a estar en la mala y nosotros debemos procurar entender. Créanme, sirve. Siempre y cuando la otra persona no se pase de grosera.

El tema es que mi jefe puso el extremo ejemplo de que, quién sabe, si de prooonto un taxista -alma caritativa- nos cierra en plena avenida, puede ser porque se le murió la mamá. Lo primero que dije fue "Huy, está bien. Pero... ¿que se les haya muerto a todos al tiempo? pobres taxistas". Y pobres mamás. Todos los días, cada 3 minutos debe estarse muriendo la señora madre de un taxista de estos -huérfanos indefensos-. Ya me imagino a las señoras echando camándula todas las noches y pidiéndole a San Benito: que "de por Dios, ¡¡que mi hijo no se vuelva taxista!!".

Sí, fue un ejemplo extremo. Muy. Pero sirvió para hacernos (me) reflexionar acerca del tema y procurar alivianarnos más cuando cosas así sucedan. Yo particularmente hice lo siguiente luego de que un hampón del volante de estos me cerró y quedamos en un semáforo (sí, el tarado este ganó 0.3 segundos gracias a su "proeza"). Aproveché y me bajé, fui hasta el taxi y le dije "oiga, señor, deje de cerrar a la gente así que puede causar un accidente". Me regresé a mi carro con toda la calma que pude, cerré con seguro y tartamudeando le pedí a la virgen que este señor no se bajara cruceta en mano. A lo que quiero llegar es que es posible no contra-reaccionar ante una imprudencia de estas. Y no sólo al manejar, también como peatón, como compañero de trabajo, como hijo, madre, primo, novio...

Procuremos estar del mejor humor posible, escuchemos música alegre, sonriamos al triple hp que nos atendió mal y le deseamos que se le mejore el día, o que esta noche sí le den sexo. En vez de responderle mal, terminar de joderlos y de paso amargarnos el día, seamos superiores a eso. Yo no me voy a amargar porque un pendejo busetero con sus 3 neuronas no es capaz de poner una simple direccional antes de cerrarme. De pronto lo enciendo a pito, pero luego sigo cantando a pulmón herido en el carro. Si una gorda me sacó a traserazos de Transmilenio -o del MIO- le digo muy amablemente que Dios le bendiga su doble tracción y que tenga un buen día.

Es difícil, lo acepto, pero no imposible. Sobre todo porque eso se va volviendo un hábito y cada vez es más natural. ¿No conocen a alguien que se la pasa amargado hasta porque el azúcar no le endulzó igual? ¿O al otro que vive cantando y silbando todo el tiempo? Qué bacana la gente así. Ahí les dejo el tema. Me voy a la cocina que este puto tinto quedó muy frío. ¡¡MALDITA SEA!!

N. de la R.

El anterior texto fue escrito en exclusiva para el especial de aniversario de nuestro blog. Lo expuesto en él no compromete la línea editorial de ‘El hijo de Yaneth’.